El sentido de culpa

La cosa aburre. Llevamos años oyendo la misma cantinela sin que sirva para nada, excepto para buscar excusas con las que poder disfrazar la incapacidad sostenida en el tiempo. Esta semana el alcalde Zoido (Juan Ignacio) ha vuelto a acusar a la Junta de Andalucía de poner freno a sus proyectos, con independencia de cuál sea su naturaleza. Lo de siempre: el PSOE pone arena en los engranajes municipales; suponiendo, claro está, que haya engranajes. Yo no lo daría por seguro. El alcalde lleva así desde el mismo momento en que llegó a la Alcaldía, hace ya dos años largos.

El poblado ibero

No sé si se han fijado, pero de un tiempo a esta parte casi todas las exposiciones que se celebran en Sevilla están promovidas por la Caixa. Antes y ahora. El relativamente reciente redescubrimiento sevillano de la escultura urbana, que es una cosa muy vieja que viene de los clásicos, pero que teníamos bastante olvidada por estos pagos tan calurosos, se lo debemos, por ejemplo, a la institución catalana. En su día cedió a Monteseirín una serie de grandes piezas escultóricas –se dijo que muchas de ellas se compraron, pero nadie sabe exactamente dónde se guardaron– para que el ex regidor dispusiese del paisanaje cultural necesario para parecer europeo, sin serlo, cada vez que inauguraba alguna de las nuevas ágoras […]

América perdida

Cuesta respirar. El oxígeno es un bien tan preciado como inexistente. A más de 3.500 metros de altura, donde algunos creen que reside uno de los atributos de la pureza, la vida se hace mucho más sencilla y simple: la felicidad consiste en respirar, sentir que el estómago está quieto en su sitio y poder caminar sin ahogarse a cada paso. Una gesta épica. El paraíso no es un lugar, sino la victoria de sobrevivir a las trampas que te tiende tu propio cuerpo. Al contrario de lo que ocurre en las regiones selváticas, que en la joven república del Perú ocupan buena parte del territorio situado al Norte, los Andes tienen una belleza más pura que no deja de […]

Apostasías íntimas

Montevideo es la única ciudad del mundo en la que los ricos viven en los pantanos y los pobres en los cerros. Por lo general, ocurre todo lo contrario: los potentados, en cualquier geografía, buscan el dominio, la altura, la sensación de conquista, siquiera simbólica, sobre los demás. Los derrotados, los humildes, esa gente que todavía es capaz de reír y llorar de verdad, a pecho, inundándose de llanto, no porque lo aconseje la costumbre o el protocolo familiar, tienen que contentarse con levantar sus cabañas entre el lodo y el cieno. Abajo. En las simas de América.

El Sur que siempre es Norte

¿Qué quieren que les cuente, locos? Cuando se viaja sin mapas acontecen cosas: uno se pierde (en eso consiste viajar) y, una vez se encuentra, o casi, solo en mitad del mundo, por fin sin ataduras ciertas, acaso no tenga demasiadas ganas de volver de nuevo a lo de siempre, de regresar a la rutina, ese animal sordo que acostumbra a devorar cualquier sueño de libertad, que siempre es desordenado, esa bestia que siempre nos deja con la misma sensación que se tiene después de haber salido de un banquete religioso, burgués, justo y civilizado. Detallista. Estiloso, incluso. Agradable a medias. Pero del que sales con tan buen sabor de boca como demasiada hambre. Tanta que, ya en la calle, […]