Noción de patria

El maestro Baroja, el pavoroso hombre malo de Itzea, aquel ogro tan poco filantrópico que gastaba boina negra, acuñó una frase que todavía hoy algunos no parecen ser capaces de comprender. Viene a decir que la inteligencia no tiene domicilio territorial. Un periódico carlista –El Pensamiento Navarro– le había solicitado una colaboración para sus páginas literarias y el novelista vasco declinó la invitación con sorna: “No puedo. Su periódico es un oxímoron. O es pensamiento o es navarro. Ambas cosas a la vez es imposible”. Tenemos que darle la razón: vincular las ideas con la patria, que no es un destino, sino una contingencia, es la impostura más ridícula del mundo. La cultura siempre ha sido un hecho individual por […]

Elogio del periodismo indígena

[Los marineros toman el barco] “¿Quién es más feliz, el que se ha enfrentado a la tormenta de la vida y ha vivido o el que se ha quedado en la seguridad de la orilla y se ha limitado a existir?”. Hunter S. Thompson. The Proud Highway. Saludos jacobinos. Bienvenidos a la Facultad de Comunicación, antes llamada Facultad de Periodismo. Por cierto, ¿Por qué diablos le cambiaron el nombre? ¿Era acaso un mal augurio? La muerte comienza por un deceso terminológico. Después viene el asesinato conceptual. Por último llega el silencio. Hunter S. Thompson, un periodista al que si todavía no han leído deberían comenzar a devorar de inmediato, sostenía allá por los años sesenta que el fin (del periodismo) era […]

Altadis, los dichos y los hechos

Era cuestión de esperar. El augurio estaba escrito. Por el cauce habitual de la filtración interesada (e inexacta) el alcalde ha anunciado esta semana un principio de acuerdo con Altadis para recalificar los terrenos de su fábrica en Los Remedios. La operación se pinta como un logro del regidor, se supedita a la autorización de la Junta (dentro de la estrategia del gobierno local de culpar a los demás de su incapacidad) y, de postre, se adoba con un llamativo detalle cofrade –la salvación de la capilla de Las Cigarreras– para que nadie ose discutir la gesta.

La Sevilla de Ocaña

Stevenson lo dejó escrito de forma muy hermosa. “No pido riquezas, ni esperanzas, ni amor, ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es el cielo sobre mí y un camino para mis pies”. No se me ocurre mejor definición de la libertad, el viento caprichoso que mueve toda nuestra existencia. La libertad tiene un alto precio: la incomprensión. Y un coste terrible: la soledad. De ambas debió aprender bastante Ocaña, el heterodoxo pintor de Cantillana, uno de esos sevillanos extraños que el azar insiste en poner en el sitio equivocado en el momento más inoportuno. ¿O acaso no sea su historia exactamente así?

La industria de la aldea

Sir Francis Bacon decía que los viajes, durante la juventud, son una parte de la educación, mientras que en la vejez constituyen una prueba de la experiencia. Si fuera cierto, cosa que a nosotros nos parece indudable, bien podría decirse que en Sevilla no tenemos demasiadas letras ni la experiencia, al contrario de lo que dice el refrán, es siempre un grado. Por lo habitual, en esta ciudad se viaja poco y mal. Hasta hace unas décadas nuestras élites apenas si salían de los estrictos límites hispalenses. Ahora, cuando las nuevas generaciones se marchan a buscar el incierto futuro fuera a falta de sustento patrio, se viaja por obligación, igual que si fuera una condena. Alejarse de Sevilla para crecer […]