De vuelta al colegio

Los políticos sevillanos son poco originales. Cuando suenan las campanas electorales, que para unos tocan el tañido del Apocalipsis y para otros entonan la fina melodía de una ópera donde se ven como únicos protagonistas estelares -los tenores de todas las arias-, sus agendas se llenan de actos, visitas, discursos y encuentros en los que nos cuentan sus bondades, dicen que han hecho todo lo que está en sus manos por nosotros -dejándose la piel, por supuesto- y nos instan a confiar de nuevo en ellos con el argumento más peregrino. La Noria del lunes en El Mundo.

La poesía boca arriba

“De tanto intentar abrazar las nubes/tengo los brazos quebrados” Charles Baudelaire Celaya, el vasco de yunque dulce, el viejo que murió de forma lamentable hace no demasiados años, en la ruina, sumido en el desconsuelo, después de suplicar las limosnas que no merecía a la administración, que sólo le dio para morir en un hospital, ha pasado a la pequeña historia de la poesía española con la etiqueta, reduccionista e injusta, de poeta social. Sus libros no están casi en ningún sitio. No salen en los periódicos, ni siquiera por efemérides. Tampoco figuran en las colecciones de saldo ni han tenido la suerte de resucitar por efecto de la necrofilia comercial, a la que tan dados son algunos editores.

Inestabilidad variable

Cicerón escribió que los fingimientos son como las flores marchitas. La impostura siempre tiene el tiempo tasado. La carrera hacia las elecciones anticipadas que parece haber deshojado definitivamente la Querida Presidenta va a situar a Andalucía, tres años después de iniciada la legislatura, en un carrusel electoral gratuito y estéril para afrontar sus dos grandes problemas. Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.

Los intocables

Flaubert escribió: “Sin fanatismo no se hace nada grande”. Algunos se lo han tomado al pie de la letra. Y vienen aplicándolo, sin anestesia, a la Semana Santa, donde la grandeza no debería residir en la cantidad ni en la vehemencia, sino en la mesura, que es la condición de todos los ritos sagrados. La Noria del lunes en El Mundo.

Bradomines a sueldo

Es por estética. Ellos todo lo hacen por estética. Los escribanos de talonario y cuentaduros, los autores de mesa-camilla televisiva y conferencias doradas, han decidido para no dejar respiradero alguno a la alternancia ocupar casi dictatorialmente los únicos púlpitos que iban quedando a los jóvenes no adorantes de su tribu: los modestos premios literarios. No hablo sólo del Planeta, que ya se sabe en qué consiste. Es como el secreto de la divinidad, una y trina, que nos inculcaban de niños: no se lo cree nadie. Hablo del resto: convocatorias, certámenes y juegos florales que, incluso en el ámbito provincial, andan fagocitados por la nomenclatura correspondiente, la del pueblo, ciudad, región o nación, según el caso.