El escritor fragmentario

Julio Camba era un filósofo con patas cortas, un pensador de retazos, un hombre fragmentario. También era un vago confeso, un tipo de esos que desprecian el poder, la fama y cualquier gloria derivada de su condición de genio, que nunca es admitida en público aunque en el fondo no deje de ser profesada en la felicidad del silencio. En un mundo con tanta humildad de boquilla, no viene mal a veces practicar este juego cínico: despojarse de las galas de la grandilocuencia sin dejar necesariamente de creer en uno mismo.

Solos en la galaxia

Víctor Hugo decía que no hay nada más repugnante que el éxito, pues se disfraza con los mismos ropajes que el mérito. Dylan canta en Loves Minus Zero: «No hay éxito como el fracaso y el fracaso no es ningún éxito». Zoido no se ha presentado a las autonómicas, pero una semana después de la batalla regional resulta inevitable que saquemos extrapolaciones sobre el futuro político que le espera cuando lleguen las municipales.  La Noria del sábado en El Mundo.

El infierno son los otros

Agustín de Hipona, convertido en santo por la Iglesia después de una vida licenciosa, definió la soberbia como una hinchazón que pasa por grandeza, sin serlo, y que tiene todos los síntomas de una enfermedad del espíritu. A juzgar por los resultados electorales, los andaluces han decidido que Susana Díaz, la candidata del PSOE, debe recibir tratamiento contra un mal del que ha dado muestras sobradas, las más recientes televisivas. Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.

Mímesis y recreaciones

Hubo un tiempo en el que la figura del escritor aún no se había revestido con el terno que el romanticismo y la modernidad le colocaron a la literatura. En aquellas fechas copiar argumentos no implicaba cometer un delito. El plagio no existía. No había propiedad ni derechos de autor. Tomar prestadas ideas ajenas era corriente. Quizás porque todos los asuntos están ya inventados y, en el fondo, quienes nos dedicamos a escribir apenas si ocupamos nuestro tiempo en hacer variaciones de un único tronco. Las historias humanas se reducen siempre a lo mismo: fracasos, viajes, reflexiones, éxtasis imaginativos, amor, dolor, pan y cebolla.

Teatralia

El indigenismo anda revuelto. Y no son las vísperas del gozo. Es que han visto a Zoido inaugurar, aplaudiendo, el boceto de una estatua que el lobby costalero de los Santiago quiere ponernos, con el patrocinio de la Caja Rural del Sur (siempre en vanguardia), en el Coliseo. La Noria del sábado en El Mundo.