Diccionario de un viejo escéptico

Eduardo Haro Tecglen, escritor descreído, un habitual del terno del escepticismo irónico, tenía una de las prosas más caprichosas de las que se publicaban, en artículos, en los periódicos. Era su único patrimonio, junto con la firma y la memoria, de la que hizo un oficio deslumbrante y molesto. Las tres cosas las vertió en un libro ejemplar –Diccionario Político– que venía a ampliar un glosario sobre la misma materia anterior, publicado a mediados de los años 70, cuando en España no vivíamos en democracia.

Lunes de gloria

La exégesis es el arte que interpreta las señales que nos ofrece la realidad. En literatura puede tratarse de un texto. En historia, de un suceso. La sonámbula disciplina de la traducción obra este mismo milagro sobre un idioma ajeno. Un traductor es una suerte de traidor, pero nunca llegará al nivel de un político en activo horas después de una jornada electoral. Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.

Desiderata

Charles Bukowski, el gran poeta de la vulgaridad, escribió que la diferencia esencial entre una democracia y una dictadura es que en democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes. Con una dictadura no tendríamos elección: las órdenes llegarían antes y los votos serían prescindibles, aunque, como nos enseña la historia, todos los regímenes de poder absoluto intenten dotarse de un teatro de legitimidad vistiendo el muñeco plebiscitario. La Noria del sábado en El Mundo.

Las heridas del cronista

El periodismo se nos va muriendo entre las manos como una paloma negra, desfondada, abierta. Algunos, presos de la nostalgia, recuerdan los tiempos míticos, grandes, en los que dirigir un periódico era una tarea reservada a los dioses, no a los mediocres. Otros suspiran por las lejanas noches de delirio y juventud que pasaron en vela leyendo a los padres del new journalism, aquella camarilla célebre de los Wolfe, Mailer, Thomson, Talese y demás. Tiempos pretéritos en los que todavía había tiempo para hacer buenos reportajes, periodismo de carne y hueso.

La orden mendicante

La política es una destilación imperfecta de la vida. La vida pública indígena está dominada por los vicios ancestrales: celos, envidia, vanidad, poder. La investidura infinita de Susana Díaz, fallida ya en tres ocasiones, de forma involuntaria, pero eficaz, va a terminar siendo una metáfora del concepto que desde hace siglos rige la vida colectiva en el Sur: el paternalismo in fieri.  Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.