Hinchar el perro

Cuenta Cervantes en el prólogo de la segunda parte del Quijote que en Sevilla había un loco que, además de ejercer dicha estirpe, que en estos pagos meridionales es generosa y poblada, dedicaba el día a inflar a los perros por la puerta trasera, utilizando un canuto por el que soplaba con tal entusiasmo que conseguía convertir a los canes callejeros en pelotas redondas.  La Noria del sábado en El Mundo.

Elogio de la lentitud

¿Por qué ha desaparecido de nuestras vidas el placer de la lentitud? Milán Kundera, novelista checo afincado desde hace años en París, se la hace en su última obra, La Lentitud (Tusquets), un libro que se bifurca, como el jardín borgiano de los senderos, en dos historias paralelas que, al final del volumen, mitad ensayo, mitad tratado de filosofía tenue, acaban confluyendo en un único río y dejando la lector con la incógnita de si lo que ha leído es una novela o un engaño, suponiendo que ambas cosas no sean exactamente lo mismo.

La investidura máxima

Shakespeare escribió que en el juego de la vida somos nosotros quienes jugamos la partida, pero el único encargado de barajar las cartas es el destino. La Querida Presidenta lleva ya dos sonoros rechazos en la versallesca sede parlamentaria después de unas elecciones en las que -proclamaba- iba a gobernar sola. Ya lo dijimos entonces: el infierno son los otros. Sigue sin enterarse de nada. Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.

Fenicios

Voltaire escribió que el interés es el perfume del capital. Seguramente lo hizo sin conocer a las tribus sevillanas que saquean el presupuesto, para las que el interés se traduce, sobre todo, en las relaciones, los contactos, las familias, los favores y las prebendas que dependen de lo público, que es otra forma singular de interés: más carnal, escasamente matemática y nada perfumada.  La Noria del sábado en El Mundo.

La bufanda de Valle Inclán

A don Ramón le han puesto esta semana una bufanda, que no corbata, atuendo considerado burgués y aristocrático, para celebrar el Día Mundial de Teatro. Don Ramón, esteta gatuno, altivo y desdeñoso, miraba siempre por el pueblo, por lo que elegir para él una bufanda es más acertado que cualquier otro ornamento textil. La bufanda, ya se sabe, tiene más literatura (decadente, mayormente) que la corbata, que tan sólo es un triste colgajo de elegancia reaccionaria. La bufanda, en cambio, tiene mucho de bohemio, como si el tejido fuera una suerte de anacronía laica. Vamos, que lo de la bufanda queda mejor en el caso de un viejo escritor, como es el caso.