La cruzada

Para resucitar a la Inquisición conviene encender una hoguera. El desvío de fondos públicos en favor de la iglesia de Santa Catalina está despertando, en ciertas mentes preclaras, los fantasmas de un pasado que creíamos periclitado. Probablemente se deba a que sus inductores viven aún en un siglo pretérito.  La Noria del sábado en El Mundo.

El último diente de Onetti

La crónica literaria, que es el artefacto que aspira a interpretar lo que sucede en la república de las letras, parece encaminarse por la veta de las necrológicas, las palabras de despedida y los artículos –por lo general lacrimosos– en los que se alaba la humanidad y los méritos del escritor que nos abandona después de una existencia consagrada al arte y a sus distintas suertes. La muerte es la que guía la pluma de los que nos dedicamos a manchar hojas volanderas. Una veces la causa es el destino; otras, algún accidente. Las menos, esos episodios en los que un demente –que quizás esté cuerdo– hace algo tan literario como volarse los sesos.

Los humores y las primarias

Mi admiradísimo Roberto Arlt, soberbio periodista atorrante, escribió que el poder consiste en engañar a los desgraciados y hacer temblar a la gente que tiene sirvientes y automóviles de gran cilindrada. Pese a las apariencias, no son colectivos distintos, sino complementarios y, en ocasiones, idénticos. Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.

Tres

A Bertrand Rusell, el gran filósofo lógico, le preguntaron una vez las razones por las que no creía en Dios. Su contestación fue la siguiente: «Si algo es verdad, lo es; y si no lo es, no lo es. Si es verdad debes creerlo; si no lo es, no debes creerlo. Si no sabes si es verdad o no, deberías posponer tu opinión. Lo que es deshonesto y dañino para la integridad intelectual es creer en algo sólo porque te beneficia y no porque pienses que es verdad». La Noria del sábado en El Mundo.