Cuentos

Se atribuye a William Henry Gates III, el dueño de Microsoft, una frase que dice así: “Los negocios son un juego de niños: competición máxima, reglas mínimas y un sistema de puntuación basado en el dinero”. Al contrario de lo que ocurre en Estados Unidos, donde hasta los hipódromos son inversiones bursátiles rentables, en Sevilla el origen de los fondos que expresan el valor de nuestro tejido empresarial no viene determinado por el mercado libre, sino que procede en demasiadas ocasiones de los presupuestos institucionales. La Noria del sábado en El Mundo.

Teología del perdón

Los estudiosos de los evangelios dicen que la condición necesaria para que se produzca el acto cristiano del perdón, que no es sino una forma ritual de expiación, es que acontezca antes una conversión sincera. De ser así, el archivo de la causa penal por la adjudicación de la mina de Aznalcóllar puede ser interpretado, siguiendo las reglas de la analogía, como una misa donde los sumos sacerdotes del susanato reclaman una inmolación en favor de su diosa particular. Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.

El hombre terrestre

Mario Benedetti editó hace lustros una antología poética con Alianza en la que reúne bajo un mismo techo todos sus poemas dedicados a la rutina. Es uno de mis libros de cabecera. Sacar poesía contemporánea a la cotidianeidad es una tarea ardua, difícil, casi imposible; diríamos que incluso heroica. Quien lo intenta suele caer, y dejarnos caer a los lectores, en las garras del aburrimiento. Hacer literatura de la calle que pisamos, del guiso diario, del trabajo de las oficinas o de las horas vacías de los talleres es un sueño casi tan antiguo como la propia literatura, cuyo canto siempre se supone trascendente pero puede ser tan terrestre como la famosa cebolla a la que Pablo Neruda dedicó su célebre […]

Ecclesia

La historia enseña que la tiranía es el estado político natural del hombre y la democracia, ese invento imperfecto de los griegos, una excepción que, como escribió Churchill, obliga a inclinarse de vez en cuando ante la opinión de los demás. El arte del poder como simulacro debe ser entonces el absolutismo que se camufla bajo el disfraz de los refrendos. Todas las organizaciones sociales, hechas a imagen y semejanza de sus miembros, desean vestir de legitimidad popular los caprichos de sus jefes de escuadra. El ejemplo más depurado es la Iglesia, una institución vertical cuya influencia no discute ningún prócer, quizás por una secreta e inconfesable envidia. La Noria del sábado en El Mundo.

La montaña rusa

Roberto Arlt, ante el que los escritores de periódicos debemos quitarnos el sombrero por no arrancarnos directamente el cráneo, inicia uno de sus artículos más atorrantes -Soliloquio de un ex diputado (1930)- con esta pregunta. «¿A quién engaño yo ahora?». En efecto: esto es lo primero que se pregunta quien por los avatares del destino, o debido a las puñaladas de la política meridional, tan dada a las dagas por la espalda, un día pierde el sillón, la tarjeta visa, el iphone a cargo del presupuesto, el rosario dorado de las vigilias de Almonte y el prometedor porvenir de estadista que lleva dentro hasta el más insignificante concejal de pueblo. Las Crónicas Indígenas del lunes en El Mundo.