La guerra de los señoríos

La leyenda cuenta que cuando Javier de Burgos, natural de Motril, trazó las fronteras internas de España, que son las provincias, calculó sus límites por la duración de un viaje de un día a caballo. Otras tesis señalan, con embeleso, que su inspiración fueron los primitivos senderos de los reyes hispánicos. Viene a dar lo mismo, igual que la discusión sobre si su origen está en la Constitución liberal (ma non troppo) de Cádiz, donde el liberalismo ya sólo es una forma de freír pescado. En la historia hay antecedentes para cualquier cosa. La Noria del sábado en El Mundo.

Memorialismo galante

Los hombres, de cierta manera, somos las mujeres que hemos amado. Por exclusión, también las que jamás conseguimos amar. En materia femenina, hasta el más exitoso varón no deja de ser un engañado, un iluso, un aprendiz. El arte de la seducción nos sitúa casi siempre en el lugar del meritorio. A ellas, en la cúspide. Seducir es un atributo femenino; cuando es un hombre quien practica el ritual por lo general se convierte en un cazador cazado, en un romano que antes ha sido griego, en un becario.

Razones para exiliarse al Congo

La oratoria, para los clásicos, es el duelo sostenido de argumentos. En las democracias antiguas se dirimía en una asamblea que deliberaba. La política, vista desde una mentalidad idealista, consiste en un litigio educado entre retóricas. Salvo en el caso de nuestra República Indígena, donde soportamos vulgarismos, lugares comunes y esa sentimentalidad de piel que, lejos de evidenciar sencillez, confirma que no vivimos una tercera Edad de Oro. Esta semana hemos visto, con asombro, dos ejemplos de cómo la realidad derrama el agua sobre la mesa. Las Crónicas Indígenas del viernes en El Mundo.

Tenebrario

Los grandes cuadros nunca muestran directamente lo que retratan. Lo evocan. La Sevilla de las postrimerías del XVII, la urbe que según Pierre Chaunu ya había empezado a dejar de ser Sevilla, está resumida, sin aparecer, en la atmósfera del prodigioso lienzo de Murillo que estos días de invierno tardío ha regresado, gracias a uno de esos laberintos circulares de la historia, al Hospital de los Venerables. El San Pedro Penitente, confiscado por el Mariscal Soult, muestra a un apóstol descalzo, igual que un poeta místico, junto a una cueva oscura. A sus pies, un libro caído de pastas blancas, pesado como un pecado mortal. La vista busca el cielo. Los ojos, llenos de lágrimas. Se diría que el gesto […]

Los escritores ciegos

Los que no sabemos muy bien qué hacer con nuestra vida gastamos buena parte del tiempo leyendo libros, opúsculos y hasta los recetarios de las medicinas. El caso es leer. Uno se pregunta de dónde diablos viene este vicio secular que lo ha tenido infinitas noches sin dormir, bajo luces eléctricas, o perdiéndose el paisaje de la ciudad natal mientras devoraba los versículos signados por los muertos, como decía Quevedo, en un pergamino o en gavillas hechas de papel húmedo.