El silencio de la libertad

Hace 18 años, cuando todos éramos más jóvenes, Teresa López Pavón, que es la jefa que cualquiera desearía en un periódico, me lo soltó sin eufemismos: «Mármol, un día te echan y se fuman un puro». Tenía razón, pero yo no lo sabía. Ella, junto a otros compañeros, había sobrevivido a la muerte de Diario 16 y no podía entender que yo, que era un loco, dijera que no a una oferta para unirme a la mejor redacción que existía -y existirá- en Andalucía para marcharme con una pandilla de dementes, desconocidos en su mayoría, a fundar un periódico en la capital de la República Indígena, movido por el mismo espíritu del narrador de Trópico de Cáncer: «No tengo dinero, […]

Prosaísmos

No es por mentar la bicha, pero escuchar a nuestro regidor, al que desde el primer día hemos deseado todo el éxito que nos merecemos los sevillanos, hablar de que Sevilla por fin está «despegando» nos recuerda, impertinentes como somos, al famoso discurso de los astronautas de Monteseirín. «¿Qué sería de nosotros sin los astronautas?» Dado que aún no hemos encontrado billete en una nave espacial para escapar a otra galaxia, lejos del costumbrismo indígena y del periodismo de sonajero, vemos con asombro que el tiempo corre y Espadas cumple su primer año en la Alcaldía sin oposición digna de tal nombre y sin cometer ningún desliz grave. La Noria del sábado en El Mundo.

Indolencias estivales

Nadie me espera en el hogar. La vida es hermosa y agria. Las estaciones pasan como cuchillos afilados sobre el alma. El calendario es un acerico lleno de agujas sin enhebrar. Cuando se tienen poco más de veinte años la memoria no cuenta demasiado. Todavía es corta e imperfecta. No nos permite incurrir, por tanto, en el defecto literario de la evocación epifánica. Nos falta madurez y, además, carecemos del suficiente ánimo. Nuestros recuerdos aún no son violetas, como los de Juan Ramón (Jiménez). Tampoco amarillos, que es el color con el que se escriben la mayoría de los libros de memorias que encontramos en las librerías. Aunque la vida ya está dejando de ser de color de rosa.

La carta negra

La política es como un juego de naipes. Los electores reparten la baraja cuando votan y, una vez dadas las cartas, los partidos juegan la mano tratando de engañar al contrario e intentando lograr un Royal Flush, la célebre escalera real del póker. Amarillo Slim, un maestro en el arte bastardo de las cartas, contaba: «Nadie gana siempre. Y el que lo dice o miente o no juega». Cada vez que se convocan elecciones ocurre lo mismo: sabes cómo llegas, pero ignoras cómo saldrás del trance. El 26J no será una excepción. Esta segunda vuelta puede deparar sorpresas. Las Crónicas Indígenas del viernes en El Mundo.

Los poetas suicidas

¿Por qué se suicidan los poetas? Es una buena pregunta. En los tiempos del prosaísmo, los poetas ya no deberían emular a sus antecesores románticos y precipitar su propio fin. No corresponde con los tiempos vulgares. Quienes todavía se matan –presuntamente por amor– de vez en cuando son parejas de adolescentes que usan el suicidio como señal de protesta, o los dementes habituales a los que todo les da igual. Incluida la vida. Alfred de Vigny, un dramaturgo francés, escribió el siglo pasado unos dramas que en nuestro país se editaron bajo el título común de Dafnys-Chatterton (Espasa Calpe, 1969). En ellos encontré hace años la mejor justificación sobre el suicidio poético, que es una materia estudiada con generosidad por los […]