Los interinos, esa gente tan deliciosa

LOS interinos de la educación pública andaluza son gente deliciosa. Estupenda. Extraordinaria. ¡Qué suerte tenemos! ¡Cuán superlativa es la calidad de nuestros profesores temporales sin plaza! ¡Somos la envidia de Occidente! No nos imaginamos cómo es posible que, teniendo a estos dedicadísimos profesionales, esforzados jabatos y singulares docentes, los datos de calidad de nuestra educación, la otra joya de la corona (de espinas) de la Marisma, sean los que son. Las estadísticas faltan seguro a la verdad: la República Indígena es la nueva Atenas de Pericles, un paraíso intelectual donde el fracaso escolar no existe y los temporales de Secundaria se-dejan-la-piel, exactamente igual que Su Peronísima. Las Crónicas Indígenas del sábado en El Mundo.

El urbanismo ‘solemnis’

La política sevillana tiene una irrefrenable tendencia a la teatralidad, que es esa costumbre local que consiste en hincharse en público sin motivo. Aquí todo es escénico: las puestas de sol, las estampas de los solitarios faroles en los pequeños callejones, los egregios puentes que surcan -hacia ningún sitio- la dársena del Guadalquivir y, por supuesto, las espadañas que nos recuerdan que habitamos en un enclave elegido por los dioses y la naturaleza, aunque no siempre por la inteligencia. Con este patrimonio inmaterial por bandera ya se figurarán ustedes, queridos indígenas, que para nuestros sucesivos alcaldes es más importante contar con don de gentes -aunque tal título no siempre concuerde con sus méritos- que con lo que desde hace cierto […]

La revolución era un ‘crowdfunding’

El delirio soberanista tiene dos rasgos básicos. En primer lugar goza del poder –por fortuna pasajero– de que sus creyentes más entusiastas consideren que tienen el derecho a que sus autoficciones se conviertan en una realidad colectiva con rango jurídico. En segundo lugar su método operativo –la ensoñación– se basa en una inquietante sentimentalidad, que no es lo mismo que la sensibilidad, cuyo término suele concretarse en un recurrente interés patrimonial. Así, el cuento de la identidad diferencial –tan vaporoso– termina en el registro de la propiedad en una carambola conceptual increíble. Lo vimos en los célebres cuadernos de Jové, donde la discusión sobre la pertenencia al pueblo elegido se substanciaba –igual que en el ritual de la misa católica– en el control de […]

Spinoza, la democracia sentimental

Baruch Spinoza (1632-1677) es un filósofo extraño. Proscrito por su propia tribu –los judíos holandeses– y racionalista convencido en un mundo configurado por la religión, su biografía cuenta que tuvo el valor de dejar de acudir a la sinagoga, donde los intérpretes de la ortodoxia mandaban sobre mentes y haciendas ajenas –lo primero siempre conduce a lo segundo–, y se marchó a los suburbios de Ámsterdam, esa Jerusalén del Norte, para dedicarse al oficio de pulir lentes de instrumentos ópticos. Hace falta tener una paciencia infinita para sacarle brillo a un cristal. Tanto como para pensar solo, un vicio imperdonable en una sociedad que, entonces y ahora, se entrega con un raro entusiasmo a los líderes dogmáticos. “El instinto natural de […]

La corona de espinas

Igual que una ciudad son sus plazas, un Estado consiste básicamente en sus servicios públicos. Preferentemente, tres: sanidad, educación y asistencia social. Estas políticas son las que justifican los impuestos y la molesta existencia del gobierno, sobre todo si está poblado por clanes familiares. Todos los demás atributos de la Santa Patria -las banderitas, los himnos y los estatutos- no son más que patrañas gracias a las cuales viven un ejército de diputados, cargos de confianza, pesebristas y demás ralea propia de la Marisma. En la República Indígena estamos viendo -y viviendo- desde hace cinco años un espectacular deterioro de los servicios esenciales. Hace falta dinero -el mismo que sobra para otras cosas-, ha crecido la demanda y los profesionales […]