Andalucía y la herencia envenenada

Cicerón, el gran orador romano, decía que equivocarse es un hecho natural entre los hombres, pero persistir en el error es cosa de locos. La máxima puede aplicarse –sin riesgo– a las tres derechas que gobiernan Andalucía, que a unas semanas para las elecciones de noviembre se han encontrado con el inesperado rebrote de las protestas en demanda de mejoras sustanciales en la sanidad regional. El asunto es inquietante. En términos políticos es lo más parecido a una auténtica bomba de relojería. El deterioro de la sanidad andaluza, que comenzó cuando la socialista María Jesús Montero, ministra de Hacienda en funciones, era consejera de Salud, y continuó cuando pasó a ocuparse de los presupuestos regionales, es la primera de las causas, entre otras muchas, todas intrínsecas, que precipitaron la salida de los socialistas del Quirinale de San Telmo. Antes del fatídico adelanto electoral del 2D, que supuso el hundimiento del PSOE en el Sur, el malestar ciudadano ante los recortes asistenciales ya había provocado innumerables mareas blancas en todas las provincias andaluzas, algo nunca visto durante casi cuatro décadas de autonomía.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

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