Whitman, poesía sin colgaduras

Bukowski, a quien nadie se le ocurriría calificar como poeta nacional –su única patria era el espanto– publicó en la revista underground Ole (1965) un manifiesto —“A Rambling Essay on Poetics and the Bleeding Life Written While Drinking a Six-Pack (Tall)”— donde escribe: “Whitman lo entendió al revés. Para tener un gran público antes debemos tener gran poesía”. Léase: poesía​ honesta, sincera y cruda. Aunque sea escribiendo lo que –para la estrecha mentalidad decimonónica de la época– eran obscenidades no muy distintas a la pornografía que inspira las mejores piezas del escritor de Los Ángeles, uno de sus involuntarios sobrinos, herederos del espíritu humano, demasiado humano, al que Woody Guthrie, el trovador de la América real, poblada por un ejército de fracasados […]

Gramática parda, periodismo lúcido

El periodismo, que es una de las formas en las que se presenta la literatura vulgar –léase en el sentido de prosaica–, sobrevive a duras penas gracias a la vocación de muchos periodistas y medios que, ante las servidumbres del entorno digital –ese magma imperante–, han sabido construir un espacio de libertad sin refugiarse en los lamentos, tan habituales en el gremio. En la última década todos –en mayor o menor medida– hemos atisbado, sufrido o vislumbrado la música (difunta) de un sepelio mil veces anunciado y, sin embargo, desmentido por la realidad cierta de los hechos: el Apocalipsis, como dice la Biblia, ha llegado, pero seguimos leyendo periódicos, aunque sea gratis y en el móvil, que es el señor de […]

Marinetti, la seducción según el Futurismo

La apasionante, por efímera, época de las vanguardias literarias, que deslumbró al mundo de las artes hace ahora un siglo, ha dejado para la posteridad (de nuestro tiempo) un largo rosario de literatura gamberra escrita completamente en serio. De ahí su irresistible encanto. Es una paradoja feliz que hace que sus textos de ocasión –ya se sabe: nada es estable dentro del inefable torbellino de la modernidad– hayan cumplido los cien años con frescura, sin dejar de ser impertinentes y deliciosos, siempre y cuando, claro, ese animal mitológico que es el lector sea lo suficientemente inteligente para distinguir entre la retórica –que es la materia de la literatura– y la ideología. Un ejercicio nada sencillo en estos tiempos de hipocresía social, […]

La misa escarlata

Ir a un concierto de Bob Dylan es lo más parecido a asistir a una misa previa al Concilio Vaticano II. El predicador, que para unos sigue siendo un profeta y para otros sencillamente es un poeta equiparable a Homero, se pone de espaldas a la grey, o se esconde detrás de un piano negro de cola y, lentamente, desde el mar de la oscuridad –salpicada de diminutos puntos de luz que parecen estrellas–, da inicio a un espectáculo sobrio y crepuscular donde rige un ritual estricto –nada de saludos, nada de coritos, ni se te ocurra sacar el móvil del bolsillo para hacer una foto– pero las cosas terminan siendo de forma diferente a como todos esperan. Sobre el escenario […]

Camus, los años perdidos

Sucede con frecuencia: cuando buscamos al mito, de repente, nos encontramos al hombre de carne y hueso. El individuo prosaico, antítesis del ser artificial creado por la fama, esa dama tan caprichosa. El idealismo –lo sabemos por experiencia– es una quimera: la vida no es más que un incierto viaje terrestre. Albert Camus, que murió tres años después de conquistar la cumbre –le dieron el Premio Nobel con 44 años–, en un accidente de tráfico bautizado por él mismo, aunque en referencia al deceso del ciclista Fausto Coppi, como “la muerte más idiota”, es el representante de esa extraña forma de literatura vitalista que, en ocasiones, adopta el disfraz de su opuesto: el existencialismo.Su filosofía y su teatro no son […]