¿Una Sevilla inteligente?

La capacidad para innovar, como decía Paul Valery de la sintaxis, es una extraña cualidad del alma en estos tiempos posmodernos. Especialmente en el caso de las ciudades, esas obras de arte imperfectas. Recordarán ustedes, queridos indígenas, que una de las grandes motos que intentó vendernos a los sevillanos Juan Espadas, el quietista, al llegar a la Alcaldía, gracias a aquella bendita carambola del destino que nada tuvo que ver con sus méritos políticos, sino con los horrores de Zoidus, era que iba a convertir Sevilla en una urbe inteligente. En una smart city. Tres años y medio después podemos decir sin temor a equivocarnos que Espadas no ha logrado su objetivo y que todo aquello era escabeche en rama. […]

La Sevilla invisible

Decíamos (ayer) que el ilustre alcalde de Sevilla, el otrora socialista Juan Espadas, prefería los platós de cine y las entregas de premios de cualquier pelaje -últimamente tiene especial devoción por los foros costumbristas-, a otras obligaciones más prosaicas de su puesto, como sentarse a hablar con los vecinos de los barrios más pobres de la ciudad -en la capital de la República Indígena hay pobres, señores, aunque de ellos no trate ningún ciclo del Festival de Cine Europeo, que sí nos habla de los desgraciados de Rumanía y Albania- para intentar paliar su situación, que en algunos casos es desesperada. La Noria del miércoles en elmundo.es

Sevilla, ‘le plateau’

No hay nada que le guste más a un socialista indígena que una cámara. A ser posible de alta definición, amable, generosa y presta a reflejar la mejor de sus sonrisas. El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, no es ninguna excepción a esta regla. Simplemente ha tardado un poco más de tiempo que sus antecesores -Rojas Marcos, Monteseirín o Zoidus, que ahora vuelve a las Cinco Llagas para no tener que volver a trabajar (en el juzgado)- en que se le note. Pues bien, ya se le nota. Y mucho. Estos últimos días, después de consultar las estadísticas turísticas, que es su pasatiempo favorito (para él son como las quinielas), y charlar con los directores de los hoteles de cinco […]

La Sevilla ‘troppo vero’

El calendario oficial de cualquier ciudad -en nuestro caso es Sevilla, pero también podría ser Londres, Tokio o Estambul- está condicionado por el carácter de su vida pública, ese folio en blanco donde alguien, mucho antes de que nosotros viéramos por vez primera la dudosa luz del día, condensó, con la pretensión de ordenarlos y convertirlos en ciclos eternos, los hábitos de sus clases dirigentes. Cada civilización tiene sus propias preferencias y obsesiones rituales: la plebe y los patricios de Roma acudían -por separado- al Circo Máximo, en Atenas los filósofos y los mendigos discutían juntos en el Ágora; en Fez los ayatolás rezan en el interior de las mezquitas milenarias y en la Roma del lejanísimo Renacimiento los príncipes […]

Cositas buenas

El alcalde de la capital de la República Indígena, el socialista Juan Espadas, nuestro admirado quietista, es un optimista incorregible. Mayestático. Infatigable. Siempre ve la botella medio llena. Incluso cuando está vacía o, simplemente, no hay botella. Su optimismo genético -aunque sería más exacto llamarlo ceguera interesada- es tal que no sólo ve éxitos por doquier, sino que atisba oportunidades hasta debajo de los adoquines. Si se colapsa una buena parte de Sevilla -sucedió sin ir más lejos el pasado fin de semana- por la falta de previsión de su gobierno y la ausencia de suficientes policías locales, nos dice que la ciudad “bulle”. La Noria del miércoles en elmundo.es