Lovecraft, primera persona del singular

Howard Phillips Lovecraft (1890-1937) ha pasado a la posteridad –ese tiempo inestable– como uno de los grandes escritores norteamericanos de relatos de fantasía, terror y misterio, precursor incluso del afortunado género de la ciencia-ficción. No es poca cosa. Los otros dos pares son Edgard Allan Poe, sublime poeta y padre, maestro e inventor del formato y, de forma algo más discutible, Stephen King, celebérrimo autor de long–sellers que en la década de los años ochenta era despreciado por la crítica cultural exquisita pero que, dado su notable éxito popular –léase, de ventas–, logró pasar a ser considerado como un escritor relevante dentro de la literatura de masas. Algo que en realidad ha existido desde el origen mismo de los tiempos. Las […]

Culturas vivas, identidades muertas

Toda la mitología del nacionalismo, incluso en sus versiones más guerreras, tiene su origen en alguna forma de orfandad. La falta de trascendencia que, a medida que vamos creciendo, nos muestra la vida –el absurdo existencial es la verdadera semilla de la espiritualidad, presente en todas las culturas–, ha provocado, en determinados contextos, el surgimiento de ideologías que adoran, con la misma fe que los carboneros, la idea de que alguna vez existió un pasado idílico y prístimo, característico de una forma de ser (llamémosle pueblo), expresado en una lengua pura y que, con el decurso de la historia, ha sido objeto de algún tipo de contaminación o perversión, hasta instalarse en la decadencia. Así piensan todas las utopías regresivas: […]

Los clásicos del periodismo alemán

Hablar de los periodistas como si fueran autores clásicos tiene algo de oxímoron: a primera vista parece imposible que puedan cohabitar en una misma materia –el amarillento papel que cobijan los insignes depósitos de las hemerotecas– la condición efímera de los diarios, que es la naturaleza genética del periodismo, con la necesaria perdurabilidad que se le exige a cualquier escritor modélico. Y, sin embargo, sucede con una frecuencia que no diremos que sea constante, pero sí categórica. Sobre todo a lo largo de la historia más reciente, cuando los géneros (y los intereses en conflicto) todavía sabían diferenciar (y por tanto manejarse) entre el negocio y la verdad, la ética y la estética. De ese universo perdido para siempre –los periódicos […]

El arte de callarse

El silencio se parece sospechosamente al tiempo. Ambos necesitan de su contrario –el ruido, en el primer caso; la muerte, en el segundo– para poder ser comprendidos, aunque sea por aproximación. Como todas las cuestiones trascendentes, desentrañar su significado exacto se convierte en una quimera. Sencillamente, no es posible, pese a intentos como el del abate Dinouart, que en su tratado sobre la materia distingue hasta once clases distintas de silencio: prudente, artificioso, complaciente, burlón, espiritual, estúpido, afirmativo, humorístico, desacralizador, caprichoso y astuto. El silencio es un misterio envuelto en una incógnita escondida en el interior de una pregunta, igual que el alma eslava, según la definición de Churchill, que compuso esta boutade a partir del mecanismo mágico las muñecas rusas. […]

Chesterton, el cielo cargado de estrellas

Chesterton ha pasado a la historia de la cultura popular por dos cosas: ser un escritor católico (por convicción, puesto que nació en una familia anglicana por conveniencia), y sacarle más partido que nadie a las paradojas, que no son la suma de dos ideas opuestas, sino la síntesis perfecta de la realidad, esa señora que se permite el lujo de despreciar nuestros deseos y ser contradictoria por naturaleza. Ambos son privilegios divinos. Sin conocer estos dos datos no puede entenderse por completo el colosal genio que guía sus escritos, multiplicados ad infinitum porque, dado que los estudios no se le dieron muy bien en su juventud, decidió, como muchos otros hombres sin oficio ni beneficio, dedicarse a las galeras […]