La estelada del victimismo

España –ustedes perdonen, pero todavía se llama así– es un país extraño en el que buena parte de los ciudadanos niegan su condición de naturales del sitio en favor de la ancestral identidad de campanario, que es la que les vibra dentro del pecho cuando llaman a misa (patriótica) o el correspondiente ayatolá congrega a las masas –convencidas ya de antemano– para que ratifiquen sus delirios. Lo estamos viendo estos días en Cataluña, donde las (ex)autoridades autonómicas, los independentistas y parte de las autodenominadas fuerzas de izquierda han leído el golpe de autoridad del Estado, que no es más que la estricta aplicación de la ley, como un ataque contra las libertades democráticas. No hay tal, por supuesto. Los Aguafuertes del lunes […]

La novela del ‘Nou País’

No hay nada más acorde a la estampa (vetusta) de lo español que concentrarse en una plaza de toros, el ancestral territorio cercado de la sangre, las moscas, los tercios de la muerte y los clarines. Pero, por esas extrañas casualidades de la vida, o quizás no tanto, el primer mitin de los hacedores de la inminentísima República Catalanufa eligieron un coso taurino para celebrar su primer “mitin ilegal”, según presumían con alegría ante su público. En efecto, la cosa es simpática: cuando ellos mismos admiten estar en una concentración no amparada por las normas de la democracia, al enunciarlo, traicionan el principio parajurídico que de forma bastante efímera instituyó el Parlament suicida sobre el que quieren edificar su Iglesia. […]

Su democracia, nuestro funeral

Contemplar en directo, aunque sea por streaming, el nacimiento de una nación, en este caso la supuesta república catalufa, es todo un acontecimiento. Pero tras ver el espectáculo no podemos decir que la función tuviera épica. Más bien hubo exceso de escabeche. Basta fijar in mente la foto del Govern en pleno, reunido como si hubiera declarado la guerra a sus compatriotas –sí, a sus compatriotas– bajo una lámpara de cristales Gran Imperio, entre maderas oscurísimas y con una iluminación decimonónica, por no decir infame. Si hubiera que juzgar desde el punto de vista estético esta proclamación bucanera, como la ha bautizado para la eternidad el diputat Coscubiela, que es nuestro héroe, la sentencia no sería piadosa. Claro que las […]

‘Habemus Republicam’

Fratelli e sorelle carissimi: los misterios no son eternos. Se resuelven. Especialmente los que no eran tales. Las leyes nacionalistas de desconexión, que se han hecho públicas tras la burda manipulación que el soberanismo hizo de las muertes de las Ramblas –ya saben: unos muertos eran catalanes y otros, no–, empiezan a concretar, negro sobre blanco, aunque aún sin firma nominativa, que no hay que poner en peligro el patrimonio (personal) por un delirio, cuánto de honda poesía identitaria y cuánto de materialismo sectario tendría la hipotética pero inminentísima República catalana, cuyos progenitores son tan considerados que, en principio, dejarán compartir la nacionalidad española con la pertenencia condicionada al pueblo elegido. Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global. 

El narcisismo y el terror

Los atentados​ de Barcelona y Cambrils son la variante posmoderna de los crímenes nihilistas que Dostoievski situó en el corazón de algunas de sus grandes novelas, las mejores que existen para entender las sombras últimas del alma humana. Al contrario que cualquier suicida atormentado, que se da muerte a sí mismo en solitario, ejerciendo un último acto de voluntad, los yihadistas casi adolescentes que han aterrorizado estos días a Cataluña eligieron matar de forma comunal, indiscriminada, azarosa y banal. Con la misma normalidad que hacemos un chiste. La trivialidad ante el dolor ajeno es uno de los múltiples rostros del espanto. Y probablemente sea además el factor diferencial que convierte en pavorosa esta desgracia colectiva en la que, como era […]