Chirbes: mares anónimos, vidas vulgares

“Después de muerto, nadie regresa para explicar el sentido de su último acto o padecimiento; y, sin embargo, todos sabemos que una historia se ordena desde el final; el final es lo que da sentido al conjunto”. El desenlace de la novela definitiva de Rafael Chirbes (1949-2015), el escritor más trascendente de la literatura española de los últimos dos decenios, contradice esta frase escrita por el propio novelista en un cuaderno de notas el 30 de abril de 1985, tres décadas y media antes de su súbito crepúsculo, cuando todavía ni siquiera había debutado como narrador –su primera obra, Mimoun, tardaría todavía tres años en salir– y se ganaba la vida como profesor de español (en Marruecos, destino mítico para muchos homosexuales internacionales desde los cincuenta) y, más tarde, como periodista gastronómico en la revista Sobremesa y en el diario El País, del que –cuentan– fue despedido por una reseña demasiado sincera sobre uno de los restaurantes propiedad de la familia Arango. La verdad molesta.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

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