El mundo que viene

La teoría del contrapeso. Ésta es la tesis a la que se acoge Juan Goytisolo en La Saga de los Marx, una fabulación en la que hace revivir –imaginariamente– a Karl Marx y a toda su nutrida concurrencia para tratar de adivinar el futuro inmediato que nos espera. El fondo de su relato es simple: el comunismo, estalinismo por concretar algo más –Goytisolo habla siempre de supuesto socialismo científico–, cayó en 1989 fruto de esa perversión histórica que termina convirtiendo las utopías –toda utopía tiene vocación revolucionaria; decir lo contrario es una sandez– en puro cartón pragmático. Se sabe desde muy antiguo: el poder lo corrompe todo y usa las ideas del momento para su propia perpetuación.

Goytisolo ha escrito una novela abierta que reformula las técnicas utilizadas por Cervantes en la segunda parte de El Quijote. En ella mezcla el ensayo sociológico sobre el prematuro final del siglo XX –cambio de valores, muerte definitiva de un sistema, desorden, crisis de valores– con un guión autoconfesional construido sobre las dificultades que sufre un escritor, las trabas editoriales y el reality show en el que se ha convertido la política, encerrada en un programa de La Clave. Un mundo lleno de confusión donde nadie ilumina nada. El libro tiene poco más de doscientas páginas y es extraño y desordenado, como el fin de nuestra propia era.

Insurrección Crítica literaria de la Saga de los Marx

Ahondando en la figura humana del filósofo alemán –nos cuenta las aventuras sexuales de Marx con su sirvienta, las carencias y penurias económicas a las que tuvo que enfrentarse su familia, los sucesivos exilios ideológicos hacia la periferia de Europa, que en su caso es Inglaterra, o sus peleas dentro de la Internacional– Goytisolo nos muestra metafóricamente todas las maldades del vencedor: el capitalismo, al que el escritor barcelonés llama “el sacrosanto libre mercado” y cuya estampa es un especulador que confiesa: “No me basta con mi fortuna, soy insaciable. Quiero más”. Hasta el punto de mendigar dinero en el Metro de París para aumentar su cuenta corriente y poder así seguir disfrutando del liberalismo.

La visión de la historia de Goytisolo es algo maniquea, aunque no por ello carece de cierto sustento real. El escritor se apoya en la teoría, avanzada por Eugenio D´Ors y formulada antes por Nietzsche sobre el eterno retorno: la doctrina filosófica que en su vertiente histórica viene a concluir que el tiempo público es un constante e inacabable fluir de contrarios que, en su eterna la lucha, configuran la amalgama histórica que nos explica. Esta teoría parte del arte y trata de explicar los constantes y contradictorios movimientos estéticos que se suceden sin descanso. En lo que a la historia se refiere es algo más cuestionable.

La premisa de Goytisolo es que la caída de los regímenes socialistas implicará, por contradicción, el resurgir de las antiguas teorías marxistas. El capitalismo –ahora sin rival, según sus apologistas, los que hablan del fin de la historia– será el germen del socialismo del futuro. Viviremos entonces de nuevo el siglo XIX y, con variantes, a ser víctimas del mismo proceso histórico. La balanza volverá a quedar compensada: se terminará el dominio de los más débiles y, al menos en alguna medida, las políticas sociales volverán a significar algo para los políticos. Goytisolo, por supuesto, hace política-ficción en su novela. Intuye el futuro a partir del pasado. Si tiene o no razón sólo lo puede decir el tiempo. Aunque se antoja complicado que la historia se vuelva a repetir como farsa. Todo induce pues a la tragedia.

[Variaciones sobre un texto publicado en El Correo de Andalucía]
 [30 de Enero de 1994]

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