El síndrome de Galapagar

En una de esas grandes frases para la historia (de la literatura) que contiene de La conjura de los necios, la maravillosa y quijotesca novela de John Kennedy Toole, el personaje central del relato, Ignatius Reilly, afirma henchido de orgullo: “Sólo me relaciono con mis iguales, y como no tengo iguales, no me relaciono con nadie”. No se me ocurre mejor canto (irónico) a los aires de superioridad, tan característicos de los bobos solemnes y las santas mentes ofendidas, que son aquellas que piensan que el mundo –esto es: todos nosotros– les debe algo por sus sacrificios en favor de ese concepto difuso que llamamos humanidad. Después de ver el revuelo (social) que ha provocado la noticia del chalé que Pablo Iglesias e Irene Montero, los líderes consortes de Podemos II, instaurado en las verdes praderas de Vistalegre, se han comprado en una selecta urbanización neorural, llegamos a la conclusión de que, en España, la política se ha convertido definitivamente en un negocio particular donde la ideología –esa antigualla– ha dejado de existir. Todo es business.

Los Aguafuertes del lunes en Crónica Global

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