Elogio nuevo del coleccionista de libros viejos

Empezaremos –es una fórmula infalible– por un dístico de Jorge Luis Borges, in illo tempore autor carísimo para Juan Bonilla, confeso borgiano epidérmico: “Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca/aquel en cuyo abrazo desfallecía Matilde Urbach”. Como casi todos, Bonilla es uno y, al mismo tiempo, un individuo múltiple, tan contradictorio como cualquiera que se dedique a escribir y cultive, intuimos que como una forma de homenaje a Salinger, un calculado distanciamiento en relación a su figura pública. En la solapa de sus libros no suele dar datos personales, practicando el ocultismo de quienes, más que reservarse un espacio para su intimidad, siembran conscientemente enigmas para que alguien, un hipócrita lector, su prójimo, su hermano, dentro quizás de algún un tiempo; o igual ahora mismo, haga lo mismo que acostumbra a hacer él: colgarse de esa duda, empezar a tirar del hilo y dar –si la suerte acompaña– con ese acontecimiento que siempre es el descubrimiento de un autor secreto.

Las Disidencias del martes en #LetraGlobal.

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