España pierde el centro

Cincuenta años después de que Mario Vargas Llosa publicara Conversación en la Catedral, ya podemos responder a la célebre pregunta de Zavalita: el Perú (léase España) se jodió anoche. El 10N, unas elecciones absolutamente innecesarias salvo para la ambición (fundida) del Ciudadano Sánchez, ese iluso aprendiz de estadista en prácticas, nos arroja una nueva foto del escenario político venidero en el que sobresalen dos fenómenos. Por un lado, la desaparición (definitiva) del denominado centro político, ese espacio difuso que desde la Transición se disputaron primero los conservadores de la UCD y, más tarde, de forma parcial, el PSOE del felipismo y el PP del aznarismo. El desastre electoral de Cs, que debería implicar la dimisión de su actual dirección, confirma el sepelio de este utópico punto de equilibrio –algo así como el Aleph de la política ibérica– y la irreparable balcanizacióndel Congreso, que queda constituido como una galaxia de partidos en colisión –en muchos casos directa– con la Constitución.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

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