Galería (electoral) de los tristes

La mejor excusa de un político para no hacer nada de lo que promete en una campaña electoral es, ¡oh, maravilla!, tener que hacer…otra campaña electoral. Y después, otra, y otra más. Y así sucesivamente. Hasta el infinito. Prometer cosas evita tener que cumplir ninguna. Parece que éste es el bucle que nos espera hasta mayo, mes de María, con permiso de Grosso (Alfonso). No me dirán ustedes, dilectos indígenas, que el Reverendísimo Bonilla y el Adelantado Marín, socios en la Marisma, no tienen suerte. Ganan la Junta por una sublime carambola del destino y delante suya, además de una crisis política municipal en Málaga, disfrutan ahora de la coartada perfecta para reducir el cambio en la Junta a su caricatura. Hay nuevas prioridades. La mayor: apoyar a sus respectivos partidos en las generales y en las locales, donde el difunto peronismo rociero intentará mantener su cuota de poder con vistas a una (imposible) resurrección sublime de la reina (reducta), que hace unos días recibía a Sánchez en Sevilla con Juan Espadas, el alcalde de la capital de Andalucía, por medio. Como Espadas no tiene gestión que vender -lleva nueve años en la Plaza Nueva y aún no ha sido capaz de definir un proyecto de ciudad que no sea convertir Sevilla en una Marina DOr con pasarelas y veladores-, Su Peronísima tuvo que presentarlo así: «Nuestro Juan, un alcalde buena gente». ¿Hay mayor honor para un político que tu jefa te diga que eres suyo y buen tío?

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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