La academia de los ‘coronaidiotas’

Bob Dylan, inquilino único de nuestro santoral, escribe en It´s not dark yet, probablemente la mejor de sus canciones crepusculares: “He estado en el fondo de un mundo lleno de mentiras / Ya no busco nada en los ojos de nadie”. Como el único género benéfico de falsedades que existe son las fábulas, los grandes escritores construyen con ellas una realidad que nunca lo es del todo y, sin embargo, termina convirtiéndose en exacta, sobre todo cuando acontece ese raro milagro del asombro que consiste en que una perfecta impostura verbal refleje el espíritu de una época mejor que cualquier libro de historia –incluso si está escrito por un inglés– o que un tratado sustentado en hechos (supuestamente) documentados. Las novelas, en efecto, mienten desde el principio. En esto radica su fascinación. Al mismo tiempo son indudablemente ciertas. Algo similar sucede con los personajes literarios: no son ni de carne ni de hueso, sólo simulacros, pero esta naturaleza vaporosa no impide que se parezcan con frecuencia a nosotros.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

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