La amnistía de los parcelistas

Está escrito que en cualquier guerra la verdad es la primera víctima que cae en el campo de batalla. Lo asombroso -o quizás no tanto- es que en la Marisma las evidencias, que no son sino uno de todos los rostros posibles de los hechos, sean ajusticiadas sin descanso por tirios y troyanos, por susánidas y cofrades de Nuestro Señor del Santísimo Escabeche. Lo decimos porque no terminamos de comprender -y no es un problema nuestro- cómo el gobierno del Reverendísimo Bonilla se felicita -¡con trompetería de metales!- por su decisión de legalizar las 327.000 viviendas ilegales que existen en la República Indígena, construidas al margen de la ley por propietarios que sabían per-fec-ta-men-te el jardín umbrío en el que se metían.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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