La casa tomada y otras (malas) suertes

“Queremos votar a Juanma, pero en las papeletas del pueblo no sale”. Parece una broma, pero puede ser la razón (capital), junto a la playa, metáfora de los deseos de la clase media, por la que el Reverendísimo, el político sosegado, l’uomo tranquillo, la síntesis genética perfecta entre Suárez (Adolfo) y Emmanuel (Macron), no pueda seguir como único señor de los espacios infinitos y las hondas galerías del Quirinale e, igual que en Casa Tomada, el relato de Julio Cortázar, tenga que abrirle la puerta a un pasajero inesperado, un huésped extraño –llamémoslo la presencia Olona– que, poco a poco, va tomando el control de las estancias del edificio hasta que el monarca de San Telmo decide recluirse en una de las alas del edificio. Y, al darse cuenta de que el oxígeno se agota y las paredes menguan, termina abandonando su propio palazzo. En la calle.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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