La guerra de las encuestas

La desconfianza, al decir de Shakespeare, es el faro que ilumina a los sabios y alumbra el camino de la inteligencia. No está en nuestro ánimo, en general piadoso, ofender a nadie, pero si tenemos por verdadera esta sentencia no queda más remedio que colegir que los líderes políticos en Andalucía, la gran autonomía del Sur, no son precisamente filósofos griegos. En general, profesan una infinita confianza en sí mismos. Suele decirse que para ganar cualquier batalla, antes de entrar en combate, es necesario tener fe ciega en la victoria. Si dudas, no ganas. Esta semana los grandes partidos andaluces –PP y PSOE– se han batido en un singular duelo cruzado de encuestas –financiadas con dinero público– para enterrar (simbólicamente) al contrario y anunciarse a sí mismos un triunfo virtual que, en el mejor de los casos, no se dirimirá hasta dentro de dos años. Es una forma como otra cualquiera de entretenerse y, de paso, distraer la atención ante los crecientes rebrotes de la pandemia y la parálisis de ideas.

Los Cuadernos del Sur en La Vanguardia.

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