La segunda muerte (política) de Susana Díaz

La última moda entre los susánidas, esa tribu en peligro de extinción desde hace tres meses, cuando la fortaleza de Troya, la Grande Andalucía del peronismo rociero, se vino abajo de improviso –o quizás no tanto–, es no votar todo aquello que les desagrada. Puro nihilismo adolescente. Cuando no pueden imponer a los demás su voluntad, ellos ni están en contra ni se abstienen. Sencillamente eluden participar en el acto básico –pero no exclusivo– de la democracia, que consiste en emitir tus opiniones a través de una urna. Un trabajo por el que se les paga con el dinero de todos. Lo hicieron hace unas semanas en el Parlamento de las Cinco Llagas, cuando la coalición PP-Cs llevó a la cámara legislativa una moción favorable a la unidad de España, en contra del delirio independentista y crítica con el presidente del Gobierno. Volvieron a hacerlo ayer en el comité federal del PSOE que aprobó las listas de las elecciones generales del 28A, donde el sanchismo hizo valer su superioridad y laminó, como señalaban todos los augurios, a los (cada vez más escasos) partidarios de la expresidenta de la Junta, Susana Díaz, que todavía piensa que es pasajero lo que claramente ya se ha convertido en definitivo. El final de su carrera.

Los Aguafuertes en Crónica Global.

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