Las Soledades del Ungido

San Vicente 37. Antica casa dell’architetto Galnares e, prima, palazzo di José de Carvajal y Lancáster, ministro di Fernando VI. 

Espadas, Ungido por el Dedo Sagrado de Ferraz, pasea inquieto por el despacho. Al fondo, banderas. En la mesa, una foto de El Insomne, dedicada: “Dame las gracias, Juan”. Seis días ha que envió –con cochero y en un sobre lacrado– una misiva llena de frases rotundísimas que comienzan con insignes letras capitulares. Los lacayos que la llevaron al Quirinale le dieron acuse de recibo pero, ¡gran contrariedad!, le dejaron huérfano de una contestación. “No hubo réplica, Sire”, explicaron. Desde entonces, no duerme.

–“La derecha es un peligro público. No me contestan ni a las cartas. Había que haberlos matado. No me resigno, no me resigno. Soy el líder maximus del PSOE, el principal partido de la República Indígena, y nadie –y menos los míos, que antes eran, como Yo, de Ella– me echa cuenta”. ¿Qué hacer? Ésa es la cuestión. ¿Debe mi ambición optar entre sufrir esta fortuna impía en porfiado silencio o debe rebelarse contra esta marisma colmada de tantas desdichas y amarguras? Mientras lo pienso, me doy a mí mismo licencia para ir al baño”.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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