Los ambulatorios que perdimos

Lo diremos, para que se nos entienda sin duda, a la manera de Núñez de Herrera: «Perdonad: en el principio fue la salud; la autonomía vino luego». Sin la primera no existe la segunda. Ni absolutamente nada. Basta ver a la lealísima oposición insistir, desde hace una semana, en el calamitoso estado en el que se encuentra la Atención Primaria en la Marisma -léase: los ambulatorios que perdimos, por seguir con la retórica de los costumbristas– para caer en la cuenta de que el Quirinale, primitivo hogar de mareantes, tiene dos grandes problemas, dos. El primero es el aliento de Génova, cuya plana mayor pasó por Villa Luisa como preámbulo de la guerra que viene: el congreso de la ternura armada, donde Sanz (Ioseph Ludovicus) va a querer estar en la Ejecutiva regional. ¿Verdad? El segundo es la erosión, imperceptible todavía en los sondeos, pero evidente en la calle, que va a suponer para el Reverendísimo la gestión de la primera parada del sistema sanitario en Andalucía.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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