Madrid, 1945: recreo y sangre de España

Una de las razones de la fortaleza de la literatura española, en un país donde se lee poco y mal, es su obstinada vinculación con la realidad. Los escritores españoles, desde el anónimo autor del Poema de Mío Cid a Javier Marías, muerto hace unos días, siempre hablan de cosas terrestres. Cuentan la vida. Por supuesto, eligen formas distintas y dispares para hacerlo, pero incluso cuando fabulan –véase el caso de Cunqueiro– rara vez renuncian a esa cordada que los sujeta al suelo, como si una fuerza de la gravedad operase, según el contexto de cada época, como antídoto contra los inevitables excesos retóricos y ficcionales. Puede decirse pues, sin temor a errar, que la constante realista ha convertido a los grandes autores hispánicos en escritores genéticamente modernos si dentro de este concepto incluimos al arte que, con independencia de su tiempo de cristalización histórica, concentra toda su atención en las dichas y las calamidades de los individuos concretos.

Las Disidencias en Letra Global.

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