Por mi viróloga, mato

Cuando ustedes, queridos indígenas, lean este artículo, en la Marisma ya se habrá implantado -por decreto de la autoridad competente, escabechista, por supuesto- el uso obligatorio de la mascarilla, ese objeto de deseo durante tantos meses que, si bien no puede a impedir por completo que el coronavirus les afecte, al menos sirve para tranquilizar las conciencias de determinados políticos, que primero relativizaron la pandemia, después nos mintieron -«estamos preparados»-, más tarde jugaron con las cifras de los santos difuntos y, por último, insisten una y otra vez en que la República Indígena es «segurísima» y que los veladores de los bares «son una industria», pero, por si acaso no fuera así, mejor que todo el mundo se cubra boca y nariz. Ya. De los ojos, por supuesto, no dicen nada. Son gente fiable. Mientras entramos en este ballo in maschera, resulta que el abate Bendodo y Cornejo, alto intelectual del susanato (en sus últimos días), se entretienen diciéndose cosas.

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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