Sontag, retrato intelectual con familia

Escribir una biografía perfecta es un sueño imposible. Salvo que se formule, contradiciendo los términos del pacto autobiográfico establecidos en los años setenta del pasado siglo por Philippe Lejeune –“todo lo que va usted a leer a continuación ocurrió ciertamente”–, bajo los requisitos de su género antagónico: la ficción. A primera vista parece una contradicción, pero no hay tal: cualquier vida no es más que una novela en la que los protagonistas –nosotros mismos– no conocemos ni el argumento de partida ni tampoco sabemos el punto de llegada. Únicamente podemos imaginarla a medida que la vivimos y, después, al recordarla. Si ninguno contamos con la capacidad de registrar todo aquello que nos sucedió, incluido el recuerdo de lo que pensábamos en tal o cual momento, un privilegio únicamente al alcance de fantasmagorías literarias como el famoso Funes de Borges, cuánto no será inalcanzable para aquellos que no visten nuestras ropas ni calzan nuestros zapatos.

Las Disidencias en #LetraGlobal.

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