¡El dragado ha muerto, Viva el dragado!

Sevilla es una ciudad donde el carácter suele estar en venta y los principios son un estorbo. Se preguntarán ustedes el porqué. Yo también. Algunos ilustres doctores en el arte de marinear por los círculos concéntricos de la estructura social sevillana, denominación que pertenece a Pepote Rodríguez de la Borbolla, según nos contó él mismo en una de las míticas entrevistas impertinentes -aquí termina el spam-, sostienen que no hay más remedio. Para prosperar aquí conviene que ser flexible. Mucho. Demasiado. Hasta arrastrarse. Para otros, en cambio, las mudas de opinión son un ejercicio de cobardía, una muestra evidente de interés fenicio. La Noria del miércoles en El Mundo.

Fantasmagorías

Que la vida va en serio lo aprendimos leyendo -tarde, por supuesto- a Gil de Biedma. Antes sólo lo habíamos atisbado, sin comprenderlo. Los escenarios del extrañamiento eran diversos: una habitación de hospital, un cuarto de hotel, un funeral, el momento de un despido o un viaje sin billete de regreso. La sensación, en cambio, era idéntica: el futuro quedaba fuera de nuestro control. Eso es crecer: andar sin seguridades, sin confiar ni en mitos ni en epopeyas. La Noria del sábado en El Mundo.

Cuentos

Se atribuye a William Henry Gates III, el dueño de Microsoft, una frase que dice así: “Los negocios son un juego de niños: competición máxima, reglas mínimas y un sistema de puntuación basado en el dinero”. Al contrario de lo que ocurre en Estados Unidos, donde hasta los hipódromos son inversiones bursátiles rentables, en Sevilla el origen de los fondos que expresan el valor de nuestro tejido empresarial no viene determinado por el mercado libre, sino que procede en demasiadas ocasiones de los presupuestos institucionales. La Noria del sábado en El Mundo.

La industria de la aldea

Sir Francis Bacon decía que los viajes, durante la juventud, son una parte de la educación, mientras que en la vejez constituyen una prueba de la experiencia. Si fuera cierto, cosa que a nosotros nos parece indudable, bien podría decirse que en Sevilla no tenemos demasiadas letras ni la experiencia, al contrario de lo que dice el refrán, es siempre un grado. Por lo habitual, en esta ciudad se viaja poco y mal. Hasta hace unas décadas nuestras élites apenas si salían de los estrictos límites hispalenses. Ahora, cuando las nuevas generaciones se marchan a buscar el incierto futuro fuera a falta de sustento patrio, se viaja por obligación, igual que si fuera una condena. Alejarse de Sevilla para crecer […]

La gesta del calendario

Zoido ha tenido una feria del turismo triunfal. El alcalde se marchó a Madrid, que es donde se celebraba Fitur, recibiendo críticas porque redujo la oferta de Sevilla a tres cuestiones: flamenco, tapas y congresos. No debieron de gustarle demasiado los comentarios al respecto, sobre todo alguno que procedía de analistas afines a su causa, porque el hombre estuvo el resto de la semana reiterándose: Sevilla es la mejor ciudad del mundo. Anunció que invertirá más dinero en promocionar el aeropuerto y presumió de que la ciudad acogerá 17 congresos durante los próximos dos años con un impacto económico teórico de 40 millones de euros. Las cuentas, por supuesto, las hace su gente.