Blesa, punto final

Los ojos de un hombre condensan su pretérito, resumen su presente y, en ocasiones, auguran su porvenir. Será para siempre una incógnita el matiz exacto de la mirada que Miguel Blesa, el bancario que creyó ser banquero, expresidente de Caja Madrid, dirigió el último día de su vida en la Tierra al resto de inquilinos —circunstanciales— de la finca cordobesa de caza donde, según los indicios y la autopsia, se quitó la vida con un escopetazo bronco que destrozó su corazón y sembró de espanto —el material en el que se convierten los sueños fallidos— los informativos del día, que recibían así, a bocajarro, el material negro del último capítulo de su historia pública. A pesar de la vulgaridad del […]

¡El dragado ha muerto, Viva el dragado!

Sevilla es una ciudad donde el carácter suele estar en venta y los principios son un estorbo. Se preguntarán ustedes el porqué. Yo también. Algunos ilustres doctores en el arte de marinear por los círculos concéntricos de la estructura social sevillana, denominación que pertenece a Pepote Rodríguez de la Borbolla, según nos contó él mismo en una de las míticas entrevistas impertinentes -aquí termina el spam-, sostienen que no hay más remedio. Para prosperar aquí conviene que ser flexible. Mucho. Demasiado. Hasta arrastrarse. Para otros, en cambio, las mudas de opinión son un ejercicio de cobardía, una muestra evidente de interés fenicio. La Noria del miércoles en El Mundo.

Fantasmagorías

Que la vida va en serio lo aprendimos leyendo -tarde, por supuesto- a Gil de Biedma. Antes sólo lo habíamos atisbado, sin comprenderlo. Los escenarios del extrañamiento eran diversos: una habitación de hospital, un cuarto de hotel, un funeral, el momento de un despido o un viaje sin billete de regreso. La sensación, en cambio, era idéntica: el futuro quedaba fuera de nuestro control. Eso es crecer: andar sin seguridades, sin confiar ni en mitos ni en epopeyas. La Noria del sábado en El Mundo.

Cuentos

Se atribuye a William Henry Gates III, el dueño de Microsoft, una frase que dice así: “Los negocios son un juego de niños: competición máxima, reglas mínimas y un sistema de puntuación basado en el dinero”. Al contrario de lo que ocurre en Estados Unidos, donde hasta los hipódromos son inversiones bursátiles rentables, en Sevilla el origen de los fondos que expresan el valor de nuestro tejido empresarial no viene determinado por el mercado libre, sino que procede en demasiadas ocasiones de los presupuestos institucionales. La Noria del sábado en El Mundo.

La industria de la aldea

Sir Francis Bacon decía que los viajes, durante la juventud, son una parte de la educación, mientras que en la vejez constituyen una prueba de la experiencia. Si fuera cierto, cosa que a nosotros nos parece indudable, bien podría decirse que en Sevilla no tenemos demasiadas letras ni la experiencia, al contrario de lo que dice el refrán, es siempre un grado. Por lo habitual, en esta ciudad se viaja poco y mal. Hasta hace unas décadas nuestras élites apenas si salían de los estrictos límites hispalenses. Ahora, cuando las nuevas generaciones se marchan a buscar el incierto futuro fuera a falta de sustento patrio, se viaja por obligación, igual que si fuera una condena. Alejarse de Sevilla para crecer […]