Días sin Verdú

Vicente Verdú llegó al periodismo​, ese oficio sin nobleza, por un camino insólito y, al mismo tiempo, perfectamente convencional: quería ser poeta. Degenerando, degenerando, como diría Juan Belmonte, terminó un día, aunque quizás fuera más bien una noche, en la redacción de un diario, ese sitio mágico que en alguna ocasión definió como un lugar de donde –si eres periodista– no tienes manera de irte nunca a tu casa, salvo a la fuerza. Léase: con la carta de despido entre los dientes o con los pies por delante. Hasta embarcarse en el primer paquebote a la deriva –el periodismo no es más que la suma de naufragios– su singladura biográfica había sido generosa en desvíos, rodeos y digresiones. Niño burgués […]

El cronista increíble

En Sevilla, ab urbe condita, existía un cronista oficial. Generalmente era un escribano (oficio que nada tenía que ver con lo artístico) que, a la manera de las célebres cartas de relación histórica, levantaba acta de las reuniones de los capitulares de cualquiera de los cabildos, anunciaba los nacimientos de los hijos de linaje, certificaba los dolosos decesos de los ilustres y embellecía (preferentemente en verso) el pasado milenario de la capital de la República Indígena, vinculándola a los insignes sitios de la Antigüedad o relatando historias y leyendas de comprobación imposible. Que nos alcance la memoria, este cargo perduró hasta los tiempos de Joaquín Guichot y Santiago Montoto, hasta bien entrado el siglo pasado, cuando tal título -que aún […]

Tom Wolfe, el bisonte blanco

En periodismo​, que es una de las formas de la literatura prosaica, no hay más que dos géneros: la entrevista y la crónica. Todos lo demás, incluso el celebérrimo reportaje, que no es más que una crónica extensa y profunda, son variaciones sobre estas dos formas básicas de contar historias. No hay más. Si acaso, menos: porque una entrevista, en el fondo, no es más que el artificio retórico que se construye con una parte del material de trabajo de una buena crónica, un género tan flexible y abierto como en su momento fue la novela, cuya relevancia social –a pesar de ser todavía el corazón de la industria editorial– es bastante relativa. Esto explica que la muerte de Tom […]

Talese, la eternidad de lo pasajero

La gran diferencia entre un historiador y un periodista, además de la formación, que en el primer caso suele ser académica y en el segundo sencillamente silvestre, es que el primero estudia los hechos del pasado con la seguridad de que no van a volver a repetirse, entre otras cosas porque sus protagonistas suelen estar muertos. El periodista, en cambio, opera sobre un presente en marcha que no deja de cambiar –aunque sea para no moverse del sitio– y cuyos personajes no sólo respiran, sino que en algunos casos pueden dejarle directamente sin aliento. Cuando un periodista se sienta a escribir, lo que tiene es un material pasajero, casual, sin orden y cuya perdurabilidad es un misterio. Por eso el buen […]

Chaves Nogales, levántate y anda

Un siglo después todo es igual y, al mismo tiempo, distinto. Manuel Chaves Nogales continúa fijando sus ojos en el infinito de la misma manera -mirada penetrante, ojos claros- que hace una centuria, cuando un 17 de octubre de 1917 dejaba atrás a la Sevilla pagada de sí misma, ese paraíso infernal, para buscar el aire fresco de la inteligencia lejos de los círculos endogámicos del Guadalquivir. Por delante tenía un brillante futuro y el aciago destino que incluiría una efímera república liberal, una cruenta guerra civil, dos exilios sucesivos en tierras extrañas y el infinito olvido de los cementerios, que en su caso duró cincuenta largos años. Más o menos hasta que llegó Maribel Cintas, filóloga, profesora de literatura […]