¿Una Sevilla inteligente?

La capacidad para innovar, como decía Paul Valery de la sintaxis, es una extraña cualidad del alma en estos tiempos posmodernos. Especialmente en el caso de las ciudades, esas obras de arte imperfectas. Recordarán ustedes, queridos indígenas, que una de las grandes motos que intentó vendernos a los sevillanos Juan Espadas, el quietista, al llegar a la Alcaldía, gracias a aquella bendita carambola del destino que nada tuvo que ver con sus méritos políticos, sino con los horrores de Zoidus, era que iba a convertir Sevilla en una urbe inteligente. En una smart city. Tres años y medio después podemos decir sin temor a equivocarnos que Espadas no ha logrado su objetivo y que todo aquello era escabeche en rama. […]

La Sevilla invisible

Decíamos (ayer) que el ilustre alcalde de Sevilla, el otrora socialista Juan Espadas, prefería los platós de cine y las entregas de premios de cualquier pelaje -últimamente tiene especial devoción por los foros costumbristas-, a otras obligaciones más prosaicas de su puesto, como sentarse a hablar con los vecinos de los barrios más pobres de la ciudad -en la capital de la República Indígena hay pobres, señores, aunque de ellos no trate ningún ciclo del Festival de Cine Europeo, que sí nos habla de los desgraciados de Rumanía y Albania- para intentar paliar su situación, que en algunos casos es desesperada. La Noria del miércoles en elmundo.es

Tercer año triunfal (sin Plan Centro)

Roberto Arlt, nuestro maestro en el arte de la columna, decía que a veces no queda más remedio que escribir con “desechos de pena” ante un mundo que se derrumba a nuestro alrededor. El problema de Sevilla, que es el tema de las norias digitales de cada miércoles (de ceniza), no es que la ciudad se derrumbe. No. Es que no se levanta. Ni a tiros. Pensábamos el otro día todo esto -viniéndonos arriba- al reparar en que nuestro ilustre gobierno municipal, con su alcalde, el quietista, a la cabeza, ha rebasado ya con creces su tercer año triunfal (con brillantina) y seguimos esperando -sabemos perfectamente que en vano- algún tipo de política de sostenibilidad urbana, que es la burra […]

Ponga una ‘velá’ diabólica en su vida

El infierno del Dante, en Sevilla, tiene la forma (florida) de una velá popular. No hay nada que guste más a un indígena que una casetilla, unas palmitas al compás, unas sevillanas (rocieras) y esa alegría que sube por la espalda y transforma los rostros -léase caretas- en la misma representación del gozo. No hay nada igual. En la Muy Leal y Muy Noble, que no es ni lo primero ni tampoco lo segundo, la felicidad de la gente sencilla, el paraíso de los simples, es una fiesta improvisada con farolillos y música cuchi-pandi, a ser posible Canal Sur style, ese cóctel impagable que entretiene nuestros días y nuestras noches. La Noria del miércoles en elmundo.es.

La ‘omertá’ turística

Una de las cualidades -admirables, por supuesto- de los políticos de la República Indígena, nuestros incomprendidos demóstenes, que velan por nuestro bien (siempre después del suyo), es su facilidad de palabra y su proverbial tendencia a lo superlativo. Pueden ustedes apreciarlo en la propaganda publicada: en Andalucía no se hacen operaciones en los hospitales, se “desarrolla una técnica quirúrgica pionera”; no se solucionan los problemas comunes; “se impulsa un plan estratégico”; no se ayuda a los pobres, se “optimizan los recursos asistenciales para la población en riesgo de vulnerabilidad social”; no se talan los árboles, se “apean en función de una diagnosis técnica”. Y todo en este plan. La Noria del miércoles en elmundo.es