Apostasías íntimas

Montevideo es la única ciudad del mundo en la que los ricos viven en los pantanos y los pobres en los cerros. Por lo general, ocurre todo lo contrario: los potentados, en cualquier geografía, buscan el dominio, la altura, la sensación de conquista, siquiera simbólica, sobre los demás. Los derrotados, los humildes, esa gente que todavía es capaz de reír y llorar de verdad, a pecho, inundándose de llanto, no porque lo aconseje la costumbre o el protocolo familiar, tienen que contentarse con levantar sus cabañas entre el lodo y el cieno. Abajo. En las simas de América.

El Sur que siempre es Norte

¿Qué quieren que les cuente, locos? Cuando se viaja sin mapas acontecen cosas: uno se pierde (en eso consiste viajar) y, una vez se encuentra, o casi, solo en mitad del mundo, por fin sin ataduras ciertas, acaso no tenga demasiadas ganas de volver de nuevo a lo de siempre, de regresar a la rutina, ese animal sordo que acostumbra a devorar cualquier sueño de libertad, que siempre es desordenado, esa bestia que siempre nos deja con la misma sensación que se tiene después de haber salido de un banquete religioso, burgués, justo y civilizado. Detallista. Estiloso, incluso. Agradable a medias. Pero del que sales con tan buen sabor de boca como demasiada hambre. Tanta que, ya en la calle, […]

Interiores oscuros

El viajero ha estado algunas semanas desaparecido. Pensando en Rusia. En el frío. Cuando el calor se torna tan demencial, inevitablemente, hay que evadirse con el placer, desgraciadamente siempre teórico, de los inviernos suaves de la estepa, que en realidad son los largos veranos rusos, de lunas y de espanto. Parecidos a esos momentos de la infancia en los que uno todavía pensaba que el futuro estaba en su sitio, quieto, tranquilo, esperando a que uno llegase a buscarlo. Después es cuando se descubre que el futuro también viaja. Y que nunca podrás atraparlo.

Tardes en el Hipódromo

Los Ángeles es una ciudad extraña. En realidad, no es una ciudad. Tan sólo es un horizonte. Una suma de urbes distintas, dispersas, difusas. Dispares. Como un maizal roto en mitad de ninguna parte. La mayor parte de la gente, sobre todo los que viajan haciendo turismo convencional, todavía relacionan el nombre del lugar, al que se llega después de atravesar en coche varios desiertos sucesivos, con uno de sus célebres mitos (Hollywood) y con el supuesto glamour asociado al mundo del cine, esa impostura mayestática. La industria del cine ha construido en apenas un siglo largo un imaginario tan poderoso que la ficción –el cine, en sus comienzos, caso fue una fábrica de sueños; ahora sólo es una factoría […]

Lugares sin importancia

Dublín está escondida en la garganta de una bahía extraña, entre verde y marrón. Justo en la desembocadura del Liffey, el turbio río que divide en dos la ciudad. Un viejo pueblo gaélico transmutado en urbe quieta. Uno se pregunta la razón por la que muchos viajeros sin mapas (esa secta anómala) acostumbran a peregrinar y pasearse por estos pagos tristes al menos una vez cada cinco años para homenajear en privado -los verdaderos reconocimientos deben ser íntimos- a James Joyce, el escritor miope que convirtió a este villorrio en el que tuvo la desgracia de nacer (no se eligen los padres ni las cunas) en un singular territorio literario.