Una investidura sin castigo

La salve susánida tuvo lugar ayer por vía express, en paz y con una gloria excesiva que no respondía a la realidad -la votación se consumó en once minutos-, sino que obedecía más bien a la psicología de quien le ha tocado la lotería. El orden del día, que era como el cartel de una plaza de toros, anunciaba: «Continuación de la sesión de investidura de Susana Díaz Pacheco como presidenta. Votación». Se votó, por supuesto, pero sabiendo de antemano el resultado fue un trámite. 

Las Crónicas Indígenas en El Mundo.

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