Salvador Dalí dijo una vez: «Que no conozca el significado de mi arte no significa que no lo tenga». Nos ocurre igual con la Sevilla indígena.
La Noria del lunes en El Mundo.
Salvador Dalí dijo una vez: «Que no conozca el significado de mi arte no significa que no lo tenga». Nos ocurre igual con la Sevilla indígena.
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Kipling escribió que la victoria y el fracaso son dos imposibles. «Conviene recibirlos con la misma serenidad e idéntico desdén» No es precisamente el caso de nuestro alcalde, que quizás dada la inminente cercanía de la Navidad y sus alrededores, que son todavía peores, nos ha comunicado hace unos días que la hercúlea misión de sanear las arcas locales está culminada.
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Víctor Hugo arranca los primeros compases de Los Miserables con una frase prodigiosa: «Lo que de los hombres se dice, verdadero o falso, ocupa tanto lugar en su destino, y sobre todo en su vida, como lo que hacen». La Noria del lunes en El Mundo.
Mi amigo Javier González-Cotta, que es el tipo que más a gusto se encuentra debajo de un paraguas después de Robert Walser, ha debido disfrutar bastante este mes de lluvias tardías y generosas. El otoño se nos ha ido como una centella y ya estamos (casi) en Navidades.
La Noria de el lunes en El Mundo.
Sevilla tiene la costumbre de convertirlo todo en una cofradía. El canon tradicional, que sólo representa a una parte de lo que con esfuerzo todavía podemos reconocer como el hogar, se ha consolidado en el imaginario colectivo con tal intensidad que ocurra lo que ocurra, y con independencia de su significado, nuestras instituciones, que no son más que la expresión decorativa de la ciudad oficial, aplican el mismo formato de manifestación pública -un cortejo que desfila con tiempo tasado- sin importarle demasiado si se trata de una fiesta o de un entierro.
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