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Disidencias

Rafael Azcona y la España cruel, tierna y descarriada

carlosmarmol · 14 marzo, 2026 ·

No podríamos decir con seguridad qué fue antes, si la España cruel, tierna y descarriada que sufrieron los hijos de nuestra posguerra incivil, ese tiempo oscuro de fríos, canalladas y hambre, o la obra (colosal) de Rafael Azcona (1926-2008), el mejor guionista español de todos los tiempos. Incluso quien llegó a conocer aquella época lejanísima de primera mano queda a menudo asombrado al ver las películas que el escritor riojano escribió para Marco Ferreri, Berlanga, Saura, Cuerda o Trueba, entre otros cineastas, al contemplar, sin llegar a esperarlo por completo, un retrato tan exacto de lo que un día fuimos y, en muchísimas cosas, todavía somos.  Azcona, al que le horrorizaba que le llamasen genio o artista –siéndolo sin querer–, siempre fue un realista devoto. Un gran observador. Un hombre de la calle con un oído absoluto para captar el ruido de la vida. Su trabajo en el cine (España, Francia, Italia) ha sido celebrado con profusión –casi se diría que hasta con fastidio suyo– como antológico. Nadie se acuerda, sin embargo, que muchas de estas míticas películas, obras maestras de nuestra incipiente cinematografía, no tuvieron en su día excesivo éxito ni tampoco el apoyo decidido y entusiasta de la crítica y el público. Existe una razón poderosa de esto. Las historias de Azcona –filmadas por los directores con los que colaboró– eran mecanismos incendiarios camuflados bajo el disfraz de la comedia de costumbres. Un espejo social demasiado sincero. 

Las Disidencias en The Objective.

Roberto Calasso y la mitología bíblica de Occidente

carlosmarmol · 13 marzo, 2026 ·

La idea la enuncia Borges. Pero quien la ejecutó –cambiando el objeto– fue Roberto Calasso (1941-2021), ensayista y editor, el alma discreta del sello italiano Adelphi y uno de los intelectuales más seductores de su tiempo. El reto consistía en la tarea imposible de reescribir el Quijote de Cervantes sin ser el insigne novelista español, sino un autor francés del siglo XX: Pierre Menard. Borges plantea este juego de máscaras en uno de sus relatos más celebrados –escrito 1940, mucho antes de que Barthes descubriera el Mediterráneo con su teoría sobre la muerte del autor– como mecanismo para poner en cuestión la idea de autoría, la convención social sobre la lectura y los vínculos de unos textos literarios con otros. Menard reproduce sin variaciones el Quijote cervantino, pero el sentido de su libro difiere del original, siendo al mismo tiempo idéntico, al haber sido redactado tres siglos después. ¿Cómo es posible? Porque la literatura no reside en la literalidad de las palabras: depende también, en igual o en mayor medida, de cómo se descifren. Una obra maestra puede tener interpretaciones divergentes y antagónicas para cada lector. El español del siglo XVII en el que escribió Cervantes era (en su tiempo) la lengua contemporánea. A muchos lectores del presente, sin embargo, les parece lejano, anacrónico, difícil o incomprensible, hasta el punto de –como defiende Andrés Trapiello– a veces sea necesaria una suerte de traducción. 

Las Disidencias en Letra Global.

Sánchez-Ostiz y el flujo de (in)consciencia de la Santísima Transición

carlosmarmol · 7 marzo, 2026 ·

La anécdota, que es además una categoría, la refiere Umberto Eco en una entrevista. París. Interior tarde. Pablo Picasso, príncipe del arte moderno, termina su célebre retrato de Gertrude Stein, escritora y mecenas de artistas instalada en la capital francesa. Cuando la millonaria norteamericana contempla el lienzo del pintor malagueño le dice: “No se parece a mí”. Picasso responde: “No se preocupe, ya se parecerá”. Es una salida irónica que encierra una verdad invisible: el tiempo, que trastocaría sin remedio el aspecto de la modelo, condenada a envejecer, se encargaría de que la imagen de Stein que perdure no sea la de su rostro, sino la fijada en el cuadro. Su perfil carnal cedería su lugar al artificial. La realidad –viene a explicar Eco– no es como es. Es como la recordamos. Algo equivalente cabe decir de la extraordinaria novela de Miguel Sánchez-Ostiz (Pamplona, 1950) que la editorial Malas Tierras acaba de rescatar del olvido. Una obra maestra. Un libro excepcional que, simplemente por contraste, muestra la decadencia narrativa que las constantes novedades editoriales son incapaces de disimular. 

Las Disidencias en The Objective.

Gaziel o el maestro del periodismo ‘botifler’

carlosmarmol · 6 marzo, 2026 ·

El conocimiento es la razón esencial de la tristeza y la causa más habitual de la melancolía de los hombres. “Cuanto más entiendes ciertas cosas, más desearías no comprenderlas”, escribió Charles Bukowski, que identificaba la sabiduría vital con el escepticismo –en el mejor de los casos– y extendía este vínculo, en el peor de los supuestos, hasta el pozo de la depresión. Acaso en la historia de nuestras letras no haya ninguna figura que represente mejor esta relación siamesa –saber hace sufrir y la felicidad consiste en ignorarlo– que Agustí Calvet (Gaziel), el mejor periodista catalán de su época –al margen del mestre Josep Pla, que es un libro aparte– y uno de los personajes más incomprendidos tanto en su tiempo, que fue convulso, como durante la posteridad, que es el reino del olvido. 

Las Disidencias en Letra Global.

Los juegos florales de Aena

carlosmarmol · 3 marzo, 2026 ·

Decía Rafael Sánchez Ferlosio, Premio Cervantes, a quien los hijos de la posguerra y el primer tardofranquismo reverenciaron con un entusiasmo similar a la devoción que la generación anterior profesase por Ortega y Gasset, y al que hoy no podrían leer nuestros escolares, y aún menos muchos adultos a los que una frase subordinada –“larga y con final en cola de pescado”, como decía el mestre Josep Pla– causa fiebres y sudores fríos, que “toda conmemoración es, por su propia naturaleza, apologética”. Lo cual invalida por completo la posibilidad, incluida hasta la más remota y vaga, de que exista un serio devaneo crítico en la vida cultural oficial, además de comprometer la condición artística de todas las obras que suelen ser agraciadas (término nada inocente; la gracia es una merced, no un mérito) con esa lotería de Babilonia que siempre es un galardón literario. Decimos lotería a conciencia y sin huir de la interpretación irónica, pues ya se sabe que los sorteos del Estado (y sus asimilados y colonias) reparten un trigo que no es exactamente suyo a cambio de que el ungido con laurel predique alto y con poderoso entusiasmo lo que sea menester predicar. París, ya se sabe, bien merece soportar una misa.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell