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Disidencias

El hábito de la infamia

carlosmarmol · 30 agosto, 2026 ·

Toda la historia de España, que como escribió Jaime Gil de Biedma en uno de los poemas de Moralidades (1966) tiene la costumbre triste de terminar mal, puede resumirse al modo de una cadena que, en cada época, entroniza a una ortodoxia concreta –religiosa, cultural o política– y, a continuación, condena y extermina a quienes considera sus enemigos, los heterodoxos. Sucedió en el Antiguo Régimen (véase la persecución de los afrancesados), en las interminables guerras carlistas y, durante los años de la Guerra y la Posguerra Civil, cuando los españoles se mataron –con odio prehistórico– en función del extremismo en el que el destino, el azar o la voluntad (fanática) les hubiera colocado. Se trata de una tradición cuyo origen nos parece lejano porque los hechos originales han sido desdibujados por el curso tiempo. Sin embargo, la costumbre de vestir con un hábito la infamia reverbera en el presente, condiciona la política y se hace presente, entre otros foros, en las redes sociales. 

Las Disidencias en el Suplemento Cultura/s.

España ya no es un país. Es la fábula de un relato

carlosmarmol · 29 agosto, 2026 ·

Uno de los principales rasgos de los políticos –de todo signo y condición– es que mienten sin cesar, sin vergüenza, sin respeto a sus votantes y sin consideración alguna por sí mismos. Alguien les ha dicho, o ellos solos han llegado a esta conclusión, que los embustes funcionan, tienen su audiencia –la política emocional consiste en hacer del espacio de diálogo común una obscena fan zone– y piensan que, gracias al dinero público que gastan en propaganda –llámenlo comunicación si lo prefieren, queridos indígenas–, convencerán a la gente de que encarnan la honradez y la bondad y los adversarios son la representación de la malversación y de la codicia. Todos parten de una hipótesis falsa: la gente es infinitamente crédula, no sabe distinguir los hechos de las opiniones y votan no por lo que uno haya hecho, sino por lo que el líder supremo del partido les haga sentir. Una idea de la política en la que los gobernantes y los gobernados retroalimentan la misma pasión adolescente. Smells Like Teen Spirit, cantaba Nirvana. 

Las Crónicas Indígenas en The Objective.

El fértil juego de espejos de A. S. Byatt

carlosmarmol · 28 agosto, 2026 ·

Que la vida no merece mucho la pena sin dejarse conducir de vez en cuando por Dionisios, el antiguo dios griego de los excesos y las pasiones, es cosa, más que sabida, experimentada en primera persona por todos. La obsesión tiene mala prensa –sobre todo entre los clérigos, los puritanos y las feministas– pero, sin poner los cinco sentidos en una cosa, o sin sentir los vientos por alguna persona, la existencia puede hacerse tan aburrida como un menú de hospital. La vida es la obsesión de todos los que todavía estamos vivos. La muerte lo es también para quienes se aproximan al último vado del largo camino. El amor, antes de ser civilizado, nace de una chispa ardiente que, como dejó dicho Bukowski, puede ser suficiente para avivar un fuego, prender la hoguera e incendiar el mundo.
Sobre la obsesión por los otros escribió una novela hace algo más de tres décadas Antonia Susan Drabble (19362023). Más conocida como A. S. Byatt. La tituló Posesión. Y con ella ganó el Premio Booker.

Las Disidencias en Letra Global.

La madre de todas las lenguas, el idioma de todas las culturas

carlosmarmol · 27 agosto, 2026 ·

En el Génesis (capítulo 2, versículos 19-20) se relata que, tras crear a todas las bestias y aves de la tierra, Dios otorgó a Adán, el lejano primer hombre, la tarea (sagrada) de imponer un nombre a cada uno de los animales, cediéndole así el poder (bautismal) de atribuir la identidad ajena a quien ha venido a este mundo sin ella. Todos tenemos nombres perfectamente intercambiables pero no seríamos los mismos si alguien nos adjudicase una denominación alternativa. La prueba son los pseudónimos: nombres que sirven para fingir una identidad –incluso aquellos de los que conocemos la referencial real– por el procedimiento infalible de inventar otra. No existe nada más vulgar que tener nombre propio. Por eso a quienes carecen de él se les considera –en todas las lenguas y culturas– seres anónimos.

Las Disidencias en The Objective.

Raúl Núñez y todos los bares tristes que hay en el mundo

carlosmarmol · 21 agosto, 2026 ·

La vida está llena de nombres olvidados que una vez significaron algo, cadáveres perdidos, sueños rotos y ternura rancia. Por eso siempre es un placer dejarse de tonterías y regresar a casa, como dejó dicho Novalis y replica La jungla de asfalto, la novela de W. R. Burnett que John Huston adaptase al cine noir. Éste es el perfume exacto que desprenden los libros de Raúl Núñez (Buenos Aires, 1946), un escritor, hijo de la diáspora argentina, expatriado entre Barcelona y Valencia, y uno de los autores malditos –avant la lettre– de la literatura en español de los años setenta y ochenta, cuando España dejó detrás el quicio del tiempo sordo y abrazó, con una sed bíblica, la libertad del alcohol, el sexo y la impertinencia. En ese país que todavía no conocía la corrección política, y que era lo que era –un planeta en tránsito entre un pasado sonámbulo y un porvenir que no estaba nada claro– habitó Raúl Núñez hasta su temprana muerte.

Las Disidencias en Letra Global.

Felipe II, el haz y el envés del imperio absoluto

carlosmarmol · 20 agosto, 2026 ·

Antonio Moro (1519-1578), maestro de la pintura holandesa, retrató dos veces a Felipe II, el segundo de los Austrias mayores, soberano absoluto de un imperio (el español) que tenía mucho más que ver con el patrimonio y la ambición de su estricto linaje familiar –la casa de los Habsburgo– que con una identidad nacional. En uno de estos óleos oficiales, datado en 1549, probablemente en Bruselas, alumbra la imagen del monarca en su mediana mocedad, ya como príncipe y regente designado por el emperador Carlos V, su padre, que había llamado al artista de los Países Bajos para que dotase a su primogénito de una estampa con suficiente dignitas. El resultado debió ser del agrado de la corte, pues el pintor flamenco también retrataría a las dos primeras de las cuatro esposas del futuro heredero –María de Portugal y María Tudor– y a otros personajes y notables de sus respectivos reinos. En otro lienzo suyo, fechado en 1557, esta vez de cuerpo entero, el segundo de los Austrias posa como soberano. Aparece ataviado con una armadura, un cetro y una espada después de la trascendental batalla de San Quintín. Dos retratos del mismo autor que, sin embargo, reflejan a dos personas distintas que tienen el mismo nombre.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell