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Disidencias

Norberto Bobbio y el pie en el estribo

carlosmarmol · 18 abril, 2026 ·

“Puesto ya el pie en el estribo, / con las ansias de la muerte, / gran señor, ésta te escribo”. Así describe Cervantes, en el venerable prólogo de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, su historia septentrional, una novela postrera de orden bizantino, que además fue póstuma, el pálpito insidioso de esa hora decisiva que todos llamamos muerte. La expresión no es original, sino herencia de una tradición que vinculaba el final de la vida con la pieza de metal, madera o cuero –dependiendo de los posibles– que ayuda al jinete a subirse o bajarse del caballo y que, en Cuba o en México, da nombre al último trago tras una noche de parranda. “Ayer me dieron la Extremaunción (…) El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir, y quisiera yo ponerle coto hasta besar los pies a Vuestra Excelencia”, explica el escritor –el 19 de abril de 1616– a don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, a quien dirige su lamento. Cervantes se sabía mortal –padecía hidropesía: bebía agua sin parar, probablemente debido a una diabetes–, y su endecha no oculta, ni inventa, lo irremediable: “Mi vida se va acabando, y, al paso de las efemérides de mis pulsos, que, a más tardar, acabarán su carrera este domingo, acabaré yo la de mi vida. ¡Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos; que yo me voy muriendo, y deseando veros presto contentos en la otra vida!”. No existe canto más hermoso a la vida que aquel que se entona en el momentum de la muerte o durante su preludio habitual, que es la vejez. 

Las Disidencias en The Objective.

La familia y la memoria fósil

carlosmarmol · 17 abril, 2026 ·

La voluntad y el paso del tiempo son los dos mecanismos esenciales con los que, desde el origen de los tiempos, alimentamos ese irremediable conjuro –por otra parte, tan humano– que consiste en crear una mitología privada. Algunos de nuestros héroes particulares, si se dan determinadas circunstancias, acaban convirtiéndose en arquetipos comunales. Pero sólo unos pocos de ellos prosiguen esta rueda infinita de transformaciones hasta erigirse en metáforas culturales universales. Nietzsche sostenía que la sacralización de nuestros propios difuntos es el origen más remoto, la semilla misma, de la religión, nacida para actuar como antídoto (ficcional) ante el pánico que el hombre tiene ante su destino. Donde la razón no alcanza –explica el pensador alemán en El nacimiento de la tragedia– comienza el dominio de la mitología, que otorga sentido a la vida a través de la ritualización de una colección de verdades íntimas. Sin esta autodefensa los seres humanos quedamos a merced de una ciencia que quizás puede explicar muchas cosas que desconocíamos, pero que también es insuficiente para prepararnos ante la muerte. Debido a esta incapacidad para asumir nuestra condición mortal nace la fe, cuya génesis material –los difuntos lejanos que no conocimos, pero que existieron– hemos ido olvidando con el paso de las sucesivas generaciones. 

Las Disidencias en Letra Global.

Houellebecq para ‘dummies’

carlosmarmol · 11 abril, 2026 ·

El difunto Francisco Rico, último príncipe de la filología española, al decir de José Carlos Mainer, solía recomendar a sus alumnos, y exigir a sus discípulos, a los que trataba como un Pontifex Maximus, que antes de enfrentarse con un autor o a una determinada obra literaria, sobre todo si se trataba de un clásico, indagaran en el caudal de estudios, monografías y estudios escritos sobre dicho particular, de forma que cuando se las vieran con el original conocieran ya, aunque fuera de forma somera, lo que otros, mucho antes que ellos, y quizás mejores, pensaron sobre esta literatura. Empezar por la exégesis antes de conocer de primera mano un texto literario canónico es causa de herejía para muchos filólogos, pero se trata de un sabio consejo. Evita –como explicaba Rico– descubrir Mediterráneos donde ya existen y obliga al investigador a intentar ser original. De ahí que los ensayos literarios, cuya rentabilidad editorial es discreta, pero cuya función social sí es trascendente (siempre que se sepa elegir al crítico), ayuden, en el mejor de los casos, a descubrir los secretos de la literatura y, en el peor, contribuyan a enseñar a leer con talento, cosa nada sencilla. 

Las Disidencias en The Objective.

Roberto Bolaño: materiales de acarreo de una vida literaria

carlosmarmol · 10 abril, 2026 ·

En sentido estricto, en periodismo únicamente existen dos géneros: la crónica –el relato de un hecho, que admite un mayor o menor grado de profundidad y libertad estilística– y la conversación con un personaje. No hay más: la información sólo es el material en bruto con el que trabaja cualquier periodista, no su resultado, que depende –todavía– del talento de esa clase de escritor (en extinción) que se dedica a hacer periódicos, como otros escriben poemas, novelas, películas de cine o piezas de teatro. La entrevistas, a su vez, pueden ser de dos estirpes: testimoniales o subjetivas, como esos retratos pictóricos que no se limitan únicamente a reproducir una figura, sino que proyectan un carácter. No son formulas antitéticas: las mejores piezas del género, véase por ejemplo las conversaciones que históricamente han publicado revistas literarias como The Paris Review (tienen ustedes una colosal colección de ellas editada en español por Acantilado) son capaces de combinar ambos registros discursivos. 

Las Disidencias en Letra Global.

Leila Guerriero y las formas del periodismo microscópico 

carlosmarmol · 4 abril, 2026 ·

La realidad no tiene una introducción, ni un nudo y, por supuesto, carece de un desenlace. El mundo es porque sí. Sin más. Un día estamos aquí; al siguiente desaparecemos sin dejar rastro. Entretanto ocurren y nos suceden cosas. Si por donde vamos cada uno lleva consigo su novela, como dijera Galdós, quien no es un novelista profesional –porque todos lo somos un poco– tiene que contentarse con ejercer, al mismo tiempo, de narrador y de personaje, de creador y protagonista, de escritor y lector de sí mismo. Hay quien percibe esta doble condición como un tormento. Otros disfrutan hablando consigo mismos para, como dijera Machado (Antonio), hablar algún día con Dios. A falta de señales celestiales expresas, lo más parecido al Creador Supremo, o a la figura mítica del demiurgo, que solemos tener más a mano son los periodistas. Por eso –antes– el hombre común quizás no leyera muchos libros, pero sí solía buscar en los periódicos, esos arqueológicos animales mitológicos, la trama de los días ordinarios. 

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell