Las grandes novelas no tratan exactamente sobre el curso de los conflictos humanos. Su poder de sugerencia consiste en otra cosa: la capacidad para fijar, a través del artificio verbal y el sortilegio de la literatura, la historia de todos los imperios, personales o colectivos, que, desde el comienzo de los tiempos, han sido y serán. Si la Historia no es sino una caótica sucesión de paradojas, el modelo esencial de estas narraciones, dominantes durante el siglo XIX y presentes hasta comienzos de la pasada centuria, cuando escritores como James Joyce y Marcel Proust optaron por explorar la introspección íntima y abandonaron los retratos sociales panorámicos, aspiró a fundar y a describir universos enteros con todo su pormenor.
Las Disidencias en The Objective.
