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Literatura

Sánchez-Ostiz y el flujo de (in)consciencia de la Santísima Transición

carlosmarmol · 7 marzo, 2026 ·

La anécdota, que es además una categoría, la refiere Umberto Eco en una entrevista. París. Interior tarde. Pablo Picasso, príncipe del arte moderno, termina su célebre retrato de Gertrude Stein, escritora y mecenas de artistas instalada en la capital francesa. Cuando la millonaria norteamericana contempla el lienzo del pintor malagueño le dice: “No se parece a mí”. Picasso responde: “No se preocupe, ya se parecerá”. Es una salida irónica que encierra una verdad invisible: el tiempo, que trastocaría sin remedio el aspecto de la modelo, condenada a envejecer, se encargaría de que la imagen de Stein que perdure no sea la de su rostro, sino la fijada en el cuadro. Su perfil carnal cedería su lugar al artificial. La realidad –viene a explicar Eco– no es como es. Es como la recordamos. Algo equivalente cabe decir de la extraordinaria novela de Miguel Sánchez-Ostiz (Pamplona, 1950) que la editorial Malas Tierras acaba de rescatar del olvido. Una obra maestra. Un libro excepcional que, simplemente por contraste, muestra la decadencia narrativa que las constantes novedades editoriales son incapaces de disimular. 

Las Disidencias en The Objective.

Gaziel o el maestro del periodismo ‘botifler’

carlosmarmol · 6 marzo, 2026 ·

El conocimiento es la razón esencial de la tristeza y la causa más habitual de la melancolía de los hombres. “Cuanto más entiendes ciertas cosas, más desearías no comprenderlas”, escribió Charles Bukowski, que identificaba la sabiduría vital con el escepticismo –en el mejor de los casos– y extendía este vínculo, en el peor de los supuestos, hasta el pozo de la depresión. Acaso en la historia de nuestras letras no haya ninguna figura que represente mejor esta relación siamesa –saber hace sufrir y la felicidad consiste en ignorarlo– que Agustí Calvet (Gaziel), el mejor periodista catalán de su época –al margen del mestre Josep Pla, que es un libro aparte– y uno de los personajes más incomprendidos tanto en su tiempo, que fue convulso, como durante la posteridad, que es el reino del olvido. 

Las Disidencias en Letra Global.

Los juegos florales de Aena

carlosmarmol · 3 marzo, 2026 ·

Decía Rafael Sánchez Ferlosio, Premio Cervantes, a quien los hijos de la posguerra y el primer tardofranquismo reverenciaron con un entusiasmo similar a la devoción que la generación anterior profesase por Ortega y Gasset, y al que hoy no podrían leer nuestros escolares, y aún menos muchos adultos a los que una frase subordinada –“larga y con final en cola de pescado”, como decía el mestre Josep Pla– causa fiebres y sudores fríos, que “toda conmemoración es, por su propia naturaleza, apologética”. Lo cual invalida por completo la posibilidad, incluida hasta la más remota y vaga, de que exista un serio devaneo crítico en la vida cultural oficial, además de comprometer la condición artística de todas las obras que suelen ser agraciadas (término nada inocente; la gracia es una merced, no un mérito) con esa lotería de Babilonia que siempre es un galardón literario. Decimos lotería a conciencia y sin huir de la interpretación irónica, pues ya se sabe que los sorteos del Estado (y sus asimilados y colonias) reparten un trigo que no es exactamente suyo a cambio de que el ungido con laurel predique alto y con poderoso entusiasmo lo que sea menester predicar. París, ya se sabe, bien merece soportar una misa.

Las Disidencias en The Objective.

Julian Barnes, telón y adiós

carlosmarmol · 28 febrero, 2026 ·

Existen tantas formas de morirse como clases posibles de difuntos. Cada nacimiento es un hecho único y, al mismo tiempo, similar. Ninguno de los que aún estamos vivos, y mucho menos los muertos, alcanza a recordarlo. Las despedidas, en cambio, son inequívocamente dispares. Las hay de toda clase y condición: súbitas, inmediatas, agonizantes, correosas, crueles y hasta premeditadas. Morirse puede ser un calvario o un descanso, pero el recuerdo de ese instante categórico nunca pertenece al protagonista. Es el patrimonio tormentoso de aquellos que le sobreviven. Lo mejor que puede decirse de la muerte es que no deja ningún recuerdo en el cerebro de quien la espera o la sufre, aunque sus vísperas sean obsesivas, insomnes y tormentosas, incluso para los sabios estoicos, resignados a la irrupción de lo inevitable. El novelista británico Julian Barnes (1946) todavía está –por fortuna– entre nosotros, pero ya se prepara, como hacían los héroes antiguos, para la batalla final que consiste en cruzar al otro lado de la Estigia. Fiel a su educación –la tradición british, siempre discreta– ha decidido decir adiós a sus lectores con un libro –Despedidas (Anagrama)– que es una suerte de memorias conscientes del “principio del fin”, atravesada por una narración (simbólica), y con la voluntad de incurrir en un tercer género: el ensayo.

Las Disidencias en Letra Global.

El mal y otras catástrofes

carlosmarmol · 28 febrero, 2026 ·

Todos los grandes conceptos culturales encierran en su interior un misterio que, a lo largo del tiempo, que en este caso es también el curso de la historia, intentamos desentrañar. No sabemos quién es Dios –los creyentes otorgan verosimilitud a una ficción consoladora– y describimos a la muerte mediante una ausencia o negación –aquello que ya no está vivo– porque se trata de una experiencia individual e incomunicable. Algo similar sucede con el mal, cuyo arco semántico incluye desde las calamidades naturales o las desgracias personales a actos tan abyectos como el terrorismo, la tortura o la crueldad gratuita. Lo maligno, cuya representación alegórica dentro del paradigma occidental es el personaje diablo de la Biblia, señor de todas las pestes, es una invariante de la existencia que, lo que no deja de ser una paradoja, nunca deja de mutar. El mal medieval no es idéntico al de los modernos. Las desgracias antiguas difieren en su significado –aunque no en su capacidad quebranto– de las contemporáneas. Casi cabe decir que a través de la idea del mal y sus sucesivos cambios pueden reconstruirse las distintas edades del hombre.

Las Disidencias en The Objective.

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Ilustraciones: Daniel Rosell