En su Comedia (divina), Dante sitúa a los traidores en el noveno y último círculo del Infierno, la más cruel de todas las estaciones del Hades. De la decisión del poeta florentino se deduce que la traición es el pecado más grave y censurable de todos los que cabe imaginar, por delante de la lujuria, la glotonería, la avaricia, la ira, la pereza, la violencia, el fraude, la corrupción y hasta la herejía. La razón es sencilla: traicionar la confianza que otros nos han otorgado es un acto premeditado e interesado, imposible de disculpar por causa de un arrebato pasional o momentáneo. Desde que Jesucristo fue apresado en el Huerto de los Olivos –traicionado por Judas a cambio de una bolsa con monedas y antes de ser negado (tres veces) por Pedro, la abyecta tradición de los traidores carece de atenuantes.
Las Disidencias en The Objective.

