La ley de la gravitación universal, descrita por el británico Isaac Newton a finales del siglo XVII en sus célebres Philosophiae Naturalis Principia Mathematica (1687), establece que entre dos cuerpos materiales existe una fuerza de atracción proporcional al producto de sus masas, en una relación mecánica en virtud de la cual cuanto más grandes sean y más cerca se encuentren mucha más intensidad de atracción existirá entre ellos. Se trata de una ley infalible que, sin embargo, no rige en el espacio exterior. Es un principio terrestre. Fuera de la atmósfera los cuerpos físicos flotan en el aire y las cosas quedan suspendidas en el vacío. La situación en la que dentro de seis meses concurrirán a las elecciones autonómicas en Andalucía las distintas marcas políticas de izquierdas se asemeja a esta regla: su masa (electoral) es cada vez más escasa, incluso menguante y, debido a la distancia que las separa, tienden sin remedio a la dispersión.
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