Hay libros que carecen de una forma definitiva y canónica, del mismo modo que una canción –véase al respecto la obra de Bob Dylan– está abierta a múltiples interpretaciones y constantes variaciones, muchas de ellas muy alejadas de su origen. La literatura tiene algo de partitura: aunque estén fijados por escrito, los textos no cobran vida hasta que un lector –que es su intérprete– se la confiere. Si la música sucede en un instante fuera del tiempo, que siempre es presente, aunque la fecha de la composición sea milenaria, hay quien, como César Aira (1949), juega con estos mismos elementos para explorar el territorio de la ficción. El escritor argentino, cuya trayectoria literaria comenzó con libros muy breves, publicados en editoriales diminutas e independientes, y concebidos a partir de calambres personales, acaba de publicar La sala (Random House). Un delicioso divertimento de 92 páginas escrito originalmente en francés hace tres décadas –publicado por el sello Éditions Minuit en 1996– que ahora vierte él mismo al español, su lengua materna. Se trata de un sabio ejercicio artístico que plantea dos cuestiones interesantes.
Las Disidencias en The Objective.
