“Se canta lo que se pierde”, escribió Machado (Antonio) en una de sus canciones a Guiomar, la secreta Dulcinea del poeta sevillano. Mujer con nombre ficticio bajo el que se ocultaba la identidad de Pilar de Valderrama Alday, poeta y dramaturga. Una utopía crepuscular que, como todos los sueños, dicen más de quienes lo soñaron que de aquellos que un día los encarnaron. Somos lo que anhelamos. Es un vicio recurrente en la larga y tormentosa historia de la Humanidad predicar las bondades de la desaparición súbita. Una de sus variantes es el suicidio. La otra, menos trágica pero no por eso más incierta, consiste en el autoexilio, en romper amarras con todo, en quemar de una vez las naves, como Hernán Cortés, en huir de todo aquello que otros nos han dicho que nos configura. Claudio Magris (Trieste, 1939), germanista italiano, autor de El Danubio, uno de los libros de viajes que lograron hacer época al contar otra idea de Europa, ha dedicado su último volumen de narraciones –Cruz del Sur (Anagrama)– a evocar, a través de la historia de tres personajes reales, ese sueño fundacional que acompaña a muchos individuos, e incluso a determinadas sociedades, de hacer borrón y cuenta nueva con el pretérito y empezar desde cero, lejos –far away, far away, como escribió Poe–en unas lejanías geográficas que son también sentimentales.
Las Disidencias en The Objective.
