De entrada, como nuestro ánimo es goliardesco, nos acogemos a los sabios versos (por supuesto, burlescos) que don Nicanor (Parra), el primer y el último antipoeta, hijo postrero de Cervantes, incluyó en Mai mai peñi, el discursocompuesto con motivo del galardón de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México):“Los premios son / Como las Dulcineas del Toboso / Mientras + pensamos en ellas / + lejanas / + sordas / + enigmáticas // Los premios son para los espíritus libres / Y para los amigos del jurado / Chanfle / No contaban con mi astucia”. Aplíquese la fábula al último Nadal, otrora noble galardón literario creado en 1944 por la antigua editorial Destino, fundada por un grupo de falangistas catalanes en pleno franquismo, cuando España era un absoluto erial cultural y Cataluña vivía sojuzgada por el fascismo (exactamente igual que el resto del país), y administrado desde mediados de los años noventa por el Grupo Planeta que, al margen de sus méritos pretéritos, que sin duda los tuvo, ha desarrollado desde entonces la inaudita habilidad de publicar obras que –salvo excepciones– nadie es capaz de leer seriamente, y mucho menos los miembros del jurado, pero se supone que muchísima gente va a comprar seguro porque son presentadas con un marbete que un día –muy lejano– gozó de cierto prestigio, cosa que, en cambio, nunca le ocurrió al Planeta, que siempre fue un premio comercial.
Las Disidencias en Letra Global.

