“Al principio fue la prensa; después vino el mundo”. Estas líneas escritas por Karl Kraus (1874-1936) para un cuplé teatral condensan, a pesar de su extrema sencillez, la concepción del mundo del gran autor austriaco, periodista en contra de los periódicos, obstinado lobo estepario que, como suele ocurrir con los individuos solitarios, proyectó su literatura siempre hacia el espacio público, dejando en vislumbre los secretos de su intimidad. Nunca hubo, sin embargo, escisión entre obra y vida: Kraus, indesmayable crítico de la Viena anterior, sucesiva y posterior a la Gran Guerra, editor unipersonal de la revista Die Fackel (La Antorcha), de cuyos textos hizo en su momento una antología para el sello Acantilado Adan Kovacsics, su mejor traductor y gran heraldo en español, vivía para el periodismo y el teatro, disciplinas que alimentaba gracias a su condición genética de espectador del presente. Kraus fue, a pesar de la censura, el testigo crítico e insobornable de un tiempo atravesado por la crisis de la cultura europea y que tendría en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) su particular Apocalipsis.
Las Disidencias en Letra Global.

