El mecanismo maestro que rige la política española es la batalla electoral. No hay más. Ni las estúpidas narrativas de los politólogos ni las terrestres lógicas de poder que devoran a los partidos –organizaciones clientelares que se conducen por la ley de la sumisión y la filosofía del do ut des– importan en exceso. Sépanlo, queridos indígenas: cuando podamos votar, que eso también depende de los gobernantes, no del deseo soberano de los ciudadanos, la elección nada tendrá que ver con frenar a la ultraderecha, oponerse a la guerra de Irán, simular ser una alternativa al trumpismo o hacer creer a los incautos que aún es posible una revolución.
La cosa es muchísimo más simple: ¿Quiere usted que el Insomne perdure o desea que sea sustituido? Porque eso, y no otra cosa, es lo que decidiremos cuando este Gobierno que no gobierna permita hablar a la sociedad, en lugar de confinarla a golpe de decretos y sin aprobar ni un presupuesto propio en lo que va de legislatura. Ni uno.
Los Aguafuertes en Crónica Global.
