La célebre afirmación de Wilde (Óscar) de que la realidad es la que imita al arte, en lugar de suceder lo contrario, suele entenderse de forma mayestática, al modo de la épica primitiva, pero rara vez se tiene en cuenta que esta misma ley de hierro también –y sobre todo– rige en el orden irónico, que es el verdadero signo cultural de nuestro tiempo. En The Decline of Lies (1989), el escritor irlandés lo expone de la siguiente manera: “Las cosas son porque las vemos, y lo que vemos y cómo lo vemos depende de la influencia del arte. Mirar una cosa es distinto a verla (…) La mentira, contar cosas bellas y falsas, es su objetivo”. Hemos recordado estos días este pasaje ante el espectáculo (nada glorioso) de la excursión propagandística a Cuba de algunos mesías de la izquierda española, cuya característica esencial es negar la existencia de España, lo que no deja de tener su mérito a pesar de que, como también dijera Wilde, las paradojas siempre sean peligrosas.
Los Aguafuertes en Crónica Global.
