Los escritores profesionales, y especialmente los periodistas, lo sabemos: es más complejo escribir en un formato de extensión breve que hacerlo sin brida en una página carente de límites. También lo pensaban los antiguos poetas medievales españoles que en el Libro de Alexandre (siglo XIII), gloria del arte de la clerecía, mester sin pecado, elogiaban la asombrosa maestría que suponía tener que escribir “en sílabas contadas”, de acuerdo con la preceptiva métrica de la cuaderna vía, el famoso tetrástrofo monorrimo que fue la estrofa y el cauce natural del Quadrivium. Decir no es lo mismo que hablar. Esto segundo lo hace, generalmente en exceso y sin pagar tasa, todo aquel que no esté mudo. Lo primero, en cambio, exige pensar y tener algo que comunicar. No vale cualquier cosa. Una ocurrencia no equivale a una idea ni es un pensamiento, del mismo modo que una cosa es vivir y otra –distinta– tener vida interior.
Las Disidencias en The Objective.
