El mundo es igual que un fractal: una suma de geometrías cuyo pormenor es infinito. El universo se asemeja a un cuaderno de innumerables galaxias que, a su vez, están hechas de planetas y estrellas. Un poema se divide en estrofas y éstas constan de un número exacto de versos. Cualquier frase es un río de palabras en cuyo interior rigen la leyes de la división silábica. La realidad siempre se muestra como un compuesto de fragmentos, del mismo modo que la ciencia aparece bajo la forma de hipótesis validadas por la observación y la filosofía, más que en la creación de sistemas de pensamiento, consiste en saber articular unas cuentas buenas ideas. No debería pues extrañar que la aproximación atenta a las cosas sea el método de conocimiento más fértil. Lo prueba, por ejemplo, el último libro de Valentí Puig (Palma de Mallorca, 1949), un breviario de reflexiones y sentencias que acaba de editar el sello Athenaica bajo el título de Azar y costumbre.
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